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un vínculo inquebrantable desde el barrio y para todo el mundo


«Seremos inseparables aunque no queramos», dice Horacio Ferrer en la Sala Jorge Luis Borges de la Feria del Libro de Buenos Aires hace casi una década. Se refería a una verdad que ambos conocían en detalle. En ese momento. Y ahora, aunque uno aún camine las calles de Parque de los Patricios y el otro esté comentando las bellezas que escribió dando vueltas por esa zona del Sur de la Ciudad, entre adoquines, por su querida calle Pepirí. Y siempre. Porque el tango, que a veces parece de otro tiempo no es más que una música que nos espera en algún lugar de la vida, incluso a tantos rockeros que llenaron el Palacio Ducó. Con sus voces o con sus pies apretados con otros pies, sobre el césped o en las tribunas. En Huracán lo saben mejor que en ningún otro club del mundo, dicen en la sede de la Avenida Caseros los que mucho saben de la cuestión.

Guillermo Stábile, en el tango «Largue a esa Mujica» -de Juan Faustino Sarcione, cantado por Carlos Gardel- es considerado, de algún modo, el mejor de su tiempo. Según el sitio Gardel.es la pieza musical se realizó «en homenaje al equipo de Huracán que se consagró campeón de fútbol de la Asociación Amateurs Argentina, coronando así su década más brillante con cuatro títulos de Liga (1921, 1922, 1925 y 1928) y con un plantel que por años se dijo de memoria: Negro o Ceresetto; Nóbile, Pratto; Bartolucci, Federici, Souza; Loizo, Spósito, Stábile, Chiesa y Onzari. En el texto se nombra a casi todos ellos, y a otros más, creando una especie de collage surrealista del deporte y el lunfardo». Su letra resulta un hermoso jeroglífico futbolero de los tiempos en blanco y negro. Y ahí estaba presente, sobrevolando -de algún modo, como esa luna que rueda por Callao en las palabras de Horacio Ferrer- El Globo de Newbery.El tango: Lo Onzari que Battilana, si ha Serrato la Mancini que si usted Recanattini tal vez Stábile mejor. / Marassi que yo Bidoglio que anda con una Peniche. / Y aunque se Fleitas Solich, a quién se lo va a Gondar. / Qu’el qu’es Nóbile, che, Negro, nunca Settis Gainzarain, si deja esa Bidegain pa’ no volver a Beccar. / Tire Cherro esa Ferreira que si corre Sanguinetti lo van a dejar Coletti en la Celta de un penal. / Es inútil que Lamarque o a lo mejor la Martínez, si no valdrá que Jiménez ni que se haga el Sandoval. / Guarda con la Canaveri, Miranda que en lo Canaro, si de usted bate un Purcaro qu’es Cafferata de acción. / Olvide el Carricaberry, tírese a la Bartolucci… / ¡que mejor es hacer Bucci que dársela de Mathón!

 

​Gonzalo Minici, historiador de Huracán, le cuenta a Clarín sobre este vínculo: «Me parece muy relevante destacar las figuras de Manzi, Ferrer, Centeya, Barbieri (Guillermo) y Riverol; el gran vínculo que tuvo siempre Gardel con el Globo, participando canciones enteras (como «Largue a esa Mujica»), yendo a ver partidos a la Platea Alcorta y a la popular local de la calle Luna y hasta cantando en el vestuario visitaba a los jugadores, que le hacían regalos. No es casual, de ninguna manera que haya tantos tantos dedicados a futbolistas de Huracán: Stábile, Masantonio, Tucho Méndez, sólo por citar a los más referenciales».​En pocos días, Huracán modificará los nombres de las tribunas en un proceso de varias reformas que viene realizando en el Palacio Ducó. La Alcorta continuará llevando el nombre de Oscar Natalio Bonavena, del inmenso Ringo, emblema Quemero; la popular visitante se llamará Guillermo Stábile, goleador del Mundial de 1930 y figura decisiva en los años veinte, los más exitosos del club. La Miravé tendrá el nombre de un campeón del mundo y de un superhéroe: René Houseman. Y la Alcorta contará con los ecos de los goles de Herminio Masantonio, máximo anotador del club, tercero en la historia del fútbol argentino y top scorer en el clásico ante Brasil. El Mortero de Ensenada, como le decían, también tuvo dedicado un tango con ese título:

El tango: En cuanto en la cancha Sus once “globitos”, Valientes y audaces Desplaza Huracán. / Se ve en la barquilla De los delanteros, Un recio “mortero” Que apunta tenaz. / Temblando, el arquero Contrario, se encoge, Los nervios de tigre De lince al mirar, Y grita la barra De Parque Patricios, Tirá Masantonio, Herminio, tirá. / Y si tira Masantonio, No hay que hacerle Ya está el… ¡Gol…! Letra: Francisco García Jiménez. Música: Miguel Padula. Grabado por la Orquesta Típica Víctor con la voz de Alberto Gómez.Jorge Newbery, quien le pone su nombre y su apellido al palco oficial del estadio y al Campo de Deportes de la Quemita, tenía simpatía por el tango más allá de su origen de bon vivant de la calle Moldes y los grandes viajes por el mundo. En 1902, un tango lo cuenta: a los 27 años ya tenía nombre y vida propia más allá del apellido aristocrático. Iba al Jockey Club pero también al boliche Hansen, a compartir tangos, claro. Decían que era un lugar de mala fama. Al amigo de Alfredo Palacios no le importaba. No sólo eso, también le gustaba merodear los barrios del Sur, allí donde el tango tuvo su cuna.Lo que sigue fue escrito en la Revista Ñ, en el último mes de 2014. La nota no lleva firma pero sí la impronta de esos lugares y de otro protagonista central del vínculo entre Huracán y el tango, Horacio Ferrer, fundador de la Academia Nacional del Tango.»A veces, la antigua bohemia de las noches largas producen efectos mágicos. Descubrimos una vez, por los 80, con Juan de Biase, mi jefe de entonces de la sección Deportes de Clarín, un restaurante un poquito alejado del circuito central de la calle Corrientes de Callao al Obelisco. Pichuco se llamaba. Pronto nos informaron que era propiedad de Horacio Ferrer en sociedad con Antonio Carrizo. Estaba en Talcahuano, pasando Perón (ex Cangallo). Tenía aspecto parisino, austero, y un piano tentador esperando a los entendidos para que lo acariciaran. No le creímos demasiado al informante. Pero empezamos a frecuentarlo. Hasta que una noche llegó Horacio acompañado por Lulú, su compañera. Y nos invitó a su mesa. Un tipo capaz de escribir “Chiquilín, dame un ramo de vos así salgo a vender mis vergüenzas en flor” se atrevió a decirnos que admiraba nuestro oficio de cronistas deportivos. Y nos envidiaba. Nos reímos. Parecía que lo decía en serio. Y entramos en una tertulia inolvidable de tangos, fútbol, poemas, Troilo, Montevideo, Piazzolla, Huracán, con un sabio rioplatense, de la literatura y de la vida.»

El Doodle con el que Google homenajeó a Astor Piazzolla, a 100 años de su nacimiento, en marzo. El tango, patrimonio porteño de gira universal, también amigo íntimo de Huracán y su barrio.

Cualquiera que caminó por Luna (ahora oficialmente llamada Luna Quemera, con tantos murales referidos también al tango) o por Colonia la escuchó llegando apurando el paso rumbo a la cancha o ya adentro del Palacio Ducó, buscando lugar. Esperando lo de siempre: una victoria que permita ese grito que es pertenencia: «Hu-ra-cán / Hu-ra-cán».

Y lo cantan hasta la disfonía porque tienen claro un detalle irrevocable: «No se trata de la seducción de algún éxito pasajero; tampoco de una imposición de la implacable parafernalia mediática. Ser Quemero es una cuestión de pertenencia. Una preciosa herencia inmodificable».

El tango «El sueño del pibe», en la voz de Diego Maradona fue también un homenaje del mejor de todos los tiempos a nuestro queridísimo Emilio Baldonedo (en una versión posterior, más cercana en el tiempo con la letra modificada para mencionar al propio Diez). Fue la primera vez que Maradona cantó en televisión. Sucedió en el programa de Antonio Gasalla. Baldonedo, crack de los años treinta y cuarenta, hincha de ir a ver a los reyes de los años veinte (Huracán, a ritmo de tango fue el más campeón de esa década junto a Boca), formador de juveniles cuando todavía no existía La Quemita…El tango original: «Golpearon la puerta de la humilde casa, La voz del cartero muy clara se oyó, Y el pibe corriendo con todas sus ansias Al perrito blanco sin querer pisó. / Mamita, mamita, se acercó gritando La madre extrañada dejó el piletón, Y el pibe le dijo riendo y llorando El club me ha mandado, hoy la citación. /Mamita querida Ganaré dinero, Seré un Baldonedo Un Martino, un Boyé. / Dicen los muchachos De Oeste Argentino, Que tengo más tiro Que el gran Bernabé. / Vas a ver qué lindo Cuando allá en la cancha Mis goles aplaudan Seré un triunfador./ Jugaré en la quinta Después en primera Yo sé que me espera La consagración. / Dormía el muchacho y tuvo esa noche El sueño más lindo que pudo tener, El estadio lleno, glorioso domingo, Por fin en primera lo iban a ver. / Faltando un minuto están cero a cero Tomó la pelota, sereno en su acción, Gambeteando a todos, enfrentó al arquero Y con fuerte tiro, quebró el marcador. Música: Juan Puey Letra: Reinaldo Yiso. También fue grabado por la orquesta de Osvaldo Pugliese con el cantor Carlos Dante.A Amleto Enrique Vergiati la historia tanguera y lunfarda lo conoció como Julián Centeya. Fue poeta, periodista sensible y un quemero de ley. Había nacido en Parma, Italia, en 1910, pero siempre se sintió porteño. Autor de Musa Milonguera (1964), grabó Antología Lunfarda (1967) y, en 1968, Aníbal Troilo le puso música a El Hombre Gris de Buenos Aires. Y también le escribió un poema a Huracán, un bello recorrido por aquellos nombres y aquellos días que fueron orgullo y son leyenda. Se reproduce: El almacén del Zurdo Salvarredi y Juan Di Nome como un inquilino. El grito callejero del «auredi» y el temblar de los vidrios del vecino. La calle como cancha. Las Naciones, una cortada azul y el corralón. Cuentan quienes mucho conocen por los barrios del Sur que este encanto ya se hizo tango.Este tango: «Todo un ayer de limpias emociones que recoge de nuevo el corazón. / Y tu bandera linda acanalada cuando Laguna era lo que fue y la canchita aquella estaba echada allá en Chiclana, el barrio que dejé. / Campeón inolvidable cuando Chiesa jugaba por capaz el «fútbol-scope» Onzari la llevaba corta y presa. / Salía Huracán y aquello era un galope! Salía Huracán y aquello era un galope! / Stábile «el filtrador» picaba y era gol que se cantaba en la tribuna. /La pelota ya estaba en la «güevera» y la cuestión era de sacar de a una. / Qué Huracán, Huracán: aquél de Tucho, del Turco Simes, de Salvini, Unzué. / Me queda el consuelo de encender el pucho del recuerdo, que me habla de aquel cuadro que fue. / Y entrevero los nombres tan capaces sin orden y sin fechas… como sé. / Las cuarenta del mazo y todos eran ases! / Los guapos de aquel tiempo venían siempre al pie. / Cualquiera sea la suerte que a tus colores salga -las buenas y las malas son cosas que se dan- de frente a aquel que talle, por más que pose y valga elevarás el GLOBO al grito de: HURACAN!!! / Y también por ahí -en ese cielo de tantos tangueros con el pecho lleno de Huracán- debe andar el gran Homero Manzi. «Hay que recordar su vida y sus tangos inolvidables como Sur, Barrio de tango, Viejo ciego y tantos más, pero también es importante profundizar un tema poco transitado y difundir con orgullo el hecho de que llevara al Globo en su corazón. Como casi nadie. Un mago de la palabra, un tipo tan sensible y luchador de las causas justas no podía ser de otro club», contó hace algún tiempo Néstor Vicente, quien mucho conoce del tema (hasta escribió un libro al repecto) y hoy es el Director de Cultura del club. Curiosidad o no tanto la esquina más emblemática de San Lorenzo, San Juan y Boedo, lleva el nombre de Manzi. Cosas del Clásico de Barrio más grande del mundo.Sí, Huracán. Y su vida de tango. O una parte de esa inmensa afinidad que el tiempo abraza. Y agigante…

 

 

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