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Documento histórico: cuando Spinetta inventó el Cosquín Rock


La verdad revelada está en un libro chiquito, a primera vista enigmático, con una tapa que nos remite a The Elder, ese disco donde Kiss se quiso parecer a Pink Floyd. Se llama 333 (RayasanLibros), un mensaje cifrado, en clave, imposible avanzar sin un alerta de spoiler. Puede que en él se encuentre la piedra fundamental de un género nuevo, el “cuento de rock”. Jorge Kasparian, su autor, spinettólogo profesional, adoptó el estilo literario de levantar vuelo usando personajes y hechos reales para trasformar la narración en una suerte de «verdad de madrugada”, como gusta decir el autor.Así como hay cuentos de fútbol, cuentos policiales, ahora, hay cuentos de rock nacional. La joyita, que engarza otras virtudes y temáticas, está contada por alguien que viene de otro lado. A dios gracias, Kasparian no es un autor profesional, sino que se gana la vida estampando remeras y sólo garabatea cuando siente que se escribe encima. En otras palabras, un corazón de niño siempre merece alguien con ganas de leer. Kasparian: el apellido ajedrecístico te suena porque este arqueólogo spinetteano publicó Luisito, un libro delicioso lleno de profundas y desopilantes entrevistas, donde destacan, por ejemplo, el odontólogo del Flaco Spinetta o Roberto Mouro, el mecánico que le componía letras al mismísimo autor de Muchacha ojos de papel. También es responsable de La Biblia Spinetteana, una obra conceptual rarísima, el famoso libro objeto, armado con páginas de tela reuniendo toda la faena poética de nuestro adorado Luis Alberto Spinetta.Sólo de esta nereida bien informada emanan datos así: “En realidad el primer Cosquín Rock se hizo en 1976, con otro nombre, a partir de una idea conjunta entre Spinetta y el periodista y gestor cultural cordobés Mario Luna”, nos cuenta Kasparian, mencionando al músico y a una especie de Juan Alberto Badía serrano.Esta sorpresa aparece en El comisario Oviedo, uno de los 22 cuentos de 333, un libro de narraciones frescas y ejercicios de memoria emotiva que a Roberto Arlt le hubieran encantado.

Programa del primer recital de rock que se hizo en la Próspero Molina de Cosquín, en 1976: Litto Nebbia, León Gieco, Raúl Porchetto, Crucis y Charly García, como «invitado especial».

Otra genialidad es La dentadura. El cuento gira alrededor de Alejandro Sokol, el fallecido ex cantante de Las Pelotas. “Revisé el Corega que estaba a medio usar. La dentadura tenía sus viajes, sus shows, sus canciones. Exploté en una carcajada: en mis manos tenía ‘la voz’ de Las Pelotas”.Pero lo de Spinetta mezclado con el Cosquín salta de las páginas como un muñeco de resorte. El bueno de Kasparian, convidado por este diario, adjunta la imaginación de sus textos a toda la documentación necesaria para desmentir a Wikipedia. Incauta, crédula, la famosa enciclopedia libre señala que el Cosquín Rock “es un festival de música que se lleva a cabo anualmente desde el año 2001 (…) Surgió como una propuesta del locutor Julio Mahárbiz al productor José Palazzo para llevar a cabo en la Plaza Próspero Molina”.Parcialmente cierto. En todo caso, según dice Kasparian, ese sería un Cosquín Rock de segunda generación. El primero, el que se hizo en la famosa plaza folclórica cordobesa, tiene como contexto a Spinetta, a un conocido productor de esa provincia, a la Dictadura, al año 1976, y a León Gieco y Raúl Porchetto como números principales de esa exclusiva noche rockera.“Palazzo llegó en 2001 –dice Kasparian-, pero mucho antes la vieron Mario Luna y Spinetta. El año que viene se cumplen dos décadas del primer Cosquín Rock oficial. Un dato por si aparece algún libro al respecto: los únicos que tocaron siempre y no faltaron a ninguna edición, fueron Las Pelotas”.La cosa es que en ese momento, en 1976, Spinetta era el líder de Invisible, grupo donde tocaron Pomo Lorenzo, Tomás Gubitsch y Machi Rufino. El Flaco tuvo la idea original de actuar en la Próspero Molina. Una novedad absoluta para el rock de entonces. Quería presentar allí Durazno sangrando, de 1975, segundo álbum de estudio de la banda.Cada vez que Kasparian pronuncia el nombre de Invisible, se le nubla la razón. “La mejor banda del planeta”, dice. “¡Mejor que Los Beatles! Yo tengo los 187 shows que dio Invisible. A Córdoba –donde vive Kasparian desde que nació – fueron cinco veces, entre 1974 y 1976. Te cuento una al margen: cuando tocó Spinetta en una edición del mítico Chateau Rock, también obra de ese genio incomprendido llamado Mario Luna, en los afiches se leía Espinetta. Ese material, obvio, lo tengo atesorado en mi bunker”.Mario Luna, además creador del Festival de La Falda, es la persona que tuvo el primer programa de rock nacional de todo Córdoba. Su especialidad era la provocación: los temas largos y poco radiales, como los casi ocho minutos de De nada sirve, un inoxidable de Moris.El hombre tiene bajo perfil. Le gusta hablar sólo a través de una “biografía” que nos hace llegar vía mail. El sábado 21 de febrero de 1976 –nos cuenta-, el coche motor, un medio de transporte condenado a desaparecer, unía Córdoba con Cruz del Eje, pasando por Cosquín. Allí viajaba un público que masivamente se volcó en respuesta a una convocatoria sin precedentes en el Interior de nuestro país.La plaza Próspero Molina de la ciudad punillense, la capital del folclore, estaba transformándose en un escenario distinto que nada tenía que ver con la propuesta festivalera de cada mes de enero. Según Luna, la plaza iba a llenarse de un público ansioso por presenciar el primer “megaencuentro” de una expresión artística “naciente desde el underground y la progresía del Di Tella, los happenings de la Minujín y la literatura de Cortázar”.Luna parece arrancado de Modart en la noche. Al igual que Kasparian, los dos tienen su estilo bien marcado. No se hablaba de rock nacional aún, sino de “música progresiva”. La cartelera anunciaba nombres fuertes de la época como León Gieco, Raúl Porchetto y Alma y Vida.“Recuerdo que la mañana de ese día de febrero comenzó a mostrar un paisaje inédito en Cosquín –dice Luna, por escrito-. Una sudorosa multitud de jóvenes comenzaba a poblar sus calles, provenientes de distintas ciudades de Córdoba y también de otras provincias. Llegaban en motocicletas, automóviles, ómnibus, bicicletas, a pie o descolgados del coche motor”.

«333», 22 aguafuertes con el reverso de los héroes de rock y otros universos paralelos.

Para saber cómo se gestó la idea hay que retroceder apenas un año, precisamente irnos “a la ardiente primavera de la ciudad de Córdoba”. Noviembre de 1975. “Invisible terminó su increíble trabajo en el escenario de la Asociación Deportiva Atenas. El público, más de tres mil almas, acababa de asistir a la presentación en vivo del disco Durazno sangrando, que sólo dos meses antes era ubicado en las bateas de las disquerías como novedad”.¿Quién fue el productor de ese recital de Invisible? Sí, adivinaste: Mario Luna. Satisfecho por como había salido todo, el hombre reservó una mesa en La Cuba de Oro para el Flaco, Pomo y Machi, los integrantes de la banda. Al parecer, después de una merecida y refrescante ducha, cruzaron la calle, desde el hotel Waldorf donde se hospedaban, y dos de ellos pidieron “el plato estrella” de la casa: ranas a la provenzal.Luego del postre, y una vez que Pomo y Machi decidieran irse a caminar un rato por ahí, el Flaco y Luna hicieron una larga sobremesa. La inquietud de Luis Alberto salió de sopetón:-Escuchame Mario, queremos presentar el disco en la Plaza Próspero Molina de Cosquín, ¿vos podés hacer algo?Luna (sorprendido): Mirá Flaco… eso que me pedís es muy loco. Vos sabés que la Triple A consiguió el objetivo de limpiar de zurdos a la música popular argentina. No quedó nadie, todos se fueron al exterior…El Flaco se habrá quedado revolviendo el pocillo de café y Luna debe haber pedido la cuenta.Tiempo después, al productor se le prendió la lamparita y le ofreció a Spinetta que Invisible formara parte del “Primer Festival Música Contemporánea”. ¿Qué era eso? Así se iba a llamar el Cosquín Rock de la década del ‘70. La idea del Flaco para el desembarco más extravagante del rock se iba a hacer realidad. “El Flaco acompañó la iniciativa con la promesa de colaborar en todo lo que hiciere falta para que el festival fuera posible. Quedamos en seguir la charla”. continuó Luna.Luna viajó a Buenos Aires para contratar al audaz joven rockero y su grupo. Sin embargo, una serie de eventos desafortunados entre el representante de Spinetta y el productor cordobés, hicieron que no se llegara a un acuerdo (suponemos, económico). Lo paradójico de esto es que Invisible quedó fuera de la grilla.Esa noche, la del sábado 21 de febrero en la Próspero Molina de Cosquín, actuaron Crucis y, entre otros, Litto Nebbia. Porchetto llevó una banda donde tocaba un muchacho de pelo largo y lacio llamado Alejandro Lerner. Además, allí estaban el Mono Fontana y Gustavo Bazterrica, futuro guitarrista de Los Abuelos de la Nada. Como si esto fuera poco, Charly García actuó en el primer Cosquín en calidad de “músico invitado”.WD

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