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Cuarentena por coronavirus: la oscuridad más luminosa de los Redonditos de Ricota


Por qué te lo recomendamos Puede ser que por la temática de alguna de sus canciones, Luzbelito sea uno de los álbumes más oscuros de los Redonditos de Ricota. Pero seguramente también es uno de los que marcan el punto de mayor equilibrio entre todas las diferentes facetas que su música mostró a lo largo de los veintipico de años que la banda se mantuvo en actividad.Publicado en agosto de 1996, cuando el combo liderado por el Indio Solari y Skay ya había experimentado varias veces su convocatoria de masas, al llenar de bote a bote el estadio de Huracán, con sus cada vez más habituales «daños colaterales», Luzbelito pivotea entre el pasado, representado por dos temazos, Mariposa Pontiac – Rock del país y Blues de la libertad, y un presente reflejado por otras grandes piezas como Fanfarria del cabrío, La dicha no es una cosa alegre, Me matan limón! y Juguetes perdidos.

El futuro, en cambio, de a poco se iba ensombreciendo cada vez un poco más. Desde afuera, sí; pero también desde el núcleo mismo de esa usina de rock que era, además de un grupo que hacía música, símbolo, bandera, imaginario, creencia, fe, desahogo, grito y casi casi razón de vivir. Condiciones bajo las cuales se adivina imposible seguir sin pagar caro el precio. Volviendo a Luzbelito, sus dos viejas gemas ya justifican escuchar todo el álbum: Mariposa Pontiac es un rockazo como pocos, y los caños le suman un sonido mainstream que le cae bárbaro; igual que al Blues de la libertad, que si Adrián Otero lo hubiera elegido para su álbum Jinete del blues, lo habría honrado como pocos.Pero además, la marchosa cadencia de Luzbelito y las Sirenas, con esas escalas descendentes que parecen invitarnos a explorar infiernos no tan temidos, el suspensivo andar de Cruz Diablo!, iluminado por la guitarra siempre perfectamente rockera de Beilinson, el expectante riff de Ella baila con todos…

Luzbelito es un disco difícil, si no imposible, de abandonar a mitad de camino. Nuotatori Professionisti y Rock Yugular -oscura, la voz del Indio seduce: «Dame tu vida/y tendrás mi piedad»-, que son los dos tracks no mencionados hasta ahora, no desentonan ara nada. Al contrario, todo lo que suena a lo largo de los 56 minutos que consumen sus 11 canciones es magnético.

Así es la tapa de «Luzbelito», diseñada por Rocambole.

Por eso Luzbelito es algo más que un disco; es una obra que se completa con su arte de tapa, eso casi olvidado por algunos, y desconocido por muchos otros. Acá promedian los 7 minutos de Rock Yugular y la sensación de opresión contribuye a no irse; a someterse al poder de la canción. Eso que, si llegaron hasta acá, deberían hacer apenas alcancen el final de este texto, que aquí termina.E.S. 

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