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Susan Ferrer, la voz argentina del Mundial ’90 y la historia del tema que grabó con Cerati


Italia ’90 fue el Mundial atravesado por dos canciones animales. La bestial Un’ estate italiana, rugido del alma de Gianna Nannini y Edoardo Bennato que musicalizó el subcampeonato argentino, y Canción animal, de Soda Stereo, que dio nombre a ese álbum mítico grabado en plena Copa del Mundo. En el medio, la historia de cómo Gustavo Cerati metió la nariz en un casete mundialista. Y de cómo Susan Ferrer levantó su propia copa. Apenas sonó por primera vez, el «Notti magiche…», entró con tal éxito en los tímpanos de cada argentino que se convirtió en himno. Era urgente encontrar una versión argenta. Así, Antonio Carrizo, que por entonces conducía los ciclos periodísticos del Mundial junto a Mauro Viale, convocó a Susan cantar en el estudio de ATC. No había demasiado tiempo para preparar el asunto. Ferrer llamó a Angel Mahler y le encargó los arreglos. En los coros participaron chicos de Festilindo. En horas, contra todos los pronósticos, ya había canción (y éxito). Apenas Susan se despachó con su interpretación televisada, las líneas telefónicas de Canal 7 reventaron. «¿Dónde se consigue ese disco?», preguntaban sedientos los televidentes. Susan, que acababa de terminar su primer álbum, dio el zarpazo.

A contrarreloj, a pesar de que el vinilo estaba terminado para entonces, Susan sumó la canción de Italia ’90 al casete. Para que entrara el hit, desplazó nada menos que a un tema que había grabado con Cerati, Este amor nunca más. Hoy algún ejemplar de esa gema de colección extinguida se vende por Internet. La vocecita de Gustavo quedó igualmente inmortalizada en otra canción de esa cinta, el blues Sin encontrarte. También hay tres temas de Ferrer con David Lebón. «Todavía me recuerdan como la chica del Mundial», se emociona la señora que tomó prestada la canción más influyente de los Mundiales de fútbol.»Se vendió como pan caliente ese casete. Diez mil copias por semana o más. Lo produjo Daniel Melero y lo editó RKM», lanza datos sin tregua la enrulada pelirroja que luego desarrolló una intensa carrera en la comedia musical. A los 67, casada desde hace 40 con Miguel Core (una hija y dos nietos) sabe que en el 30° aniversario de Italia ’90 llegarán los rescates emotivos y las reediciones. «¿Dónde andan esos discos míos de 1990? Después de tantas mudanzas, alguno queda por ahí, pero tengo una gran anécdota: mi marido ha comprado alguno perdido en alguna disquería en la calle Libertad». -¿Cómo fue aquel encuentro con Cerati? Estaba en uno de sus puntos más altos en esa época…-Era el Number One. Fue maravilloso. Llegó como un amigo más, amoroso, hermoso. Cantamos juntos. Nos conectamos desde la mirada. Fue bárbaro.

La que grabó con Cerati un disco que terminó teniendo un hit mundialista. (Foto: Emmanuel Fernández).

-¿Por qué creés que esa canción italiana quedó tan arraigada en la memoria?-Porque tiene una letra simple y maravillosa. Habla de unirnos en un abrazo, es paz, comunión, y la música es increíble. No es cafona, como decimos los músicos. Es decir, tiene nivel. Giorgio Moroder, su creador, es un músico de gran trayectoria. Al día de hoy me la piden volver a cantar en todos lados. A raíz del éxito, después grabé Gloryland, la canción del Mundial ’94. Y Lucio Dalla me dio el permiso para hacer mi versión de Caruso. Un día, voy invitada a un casamiento y el cura me ve en la Iglesia y grita: «¡Usted es la chica del Mundial! ¿Por qué no nos canta ese tema?». Toda la Iglesia terminó coreando «Oh-oh-oh-oh…. Notti magiche».-¿Por qué se decía «un estadio italiano» cuando en realidad en italiano significaba «un verano italiano». ¿Error de traducción?-El tema quedó registrado en el casete correctamente como Un verano italiano, pero a la letra le cambiamos el «verano» por «estadio» para que sonara mejor.-¿Qué pensás de la voz inolvidable de Gianna? ¿Qué tenían en común ustedes?-GIanna tiene profundidad. Es rockera. Nos une el amor al rock y al jazz. Una voz va más allá de la perfección: yo creo en la voz del alma, en un canal abierto que nos trasciende, que no pertenece a este cuerpo de carne y hueso. Para mí, la voz es algo del espíritu.
Susan es en realidad Angélica Ferreira. La llamaban Maurita y con ese apodo comenzó a cantar. Hasta que formó un dúo juvenil con su hermano y el productor de Palito Ortega (Oscar Toscano) los bautizó Susan and Bill. Intentaban ser los competidores de Bárbara y Dick. Cuando Angélica tomó rumbo musical en soledad, acortó el Ferreira y adoptó su definitiva identidad artística.Nacida en Asunción, Paraguay, a sus siete años Susan se instaló en San Telmo. Su madre, modista, criaba sola cuatro hijos mientras sonaba Mina a todo volumen. Un día, accidentalmente, un productor de Radio El Mundo la escuchó entonar Speedy Gonzales, de Pat Boone. Susan no había cumplido los diez. «Señora, esta nena tiene una voz hermosa», advirtió el hombre. Así, la madre autorizó a que se sumara a un ciclo en el que cantaban figuras juveniles como Sandro y los de Fuego y Leo Dan. Para fines de la década del ’60, ya cantaba con Cacho Castaña y Valeria Lynch en un segmento de Sábados de la bondad, al estilo Club del clan. En los setenta, protagonizó la ópera rock Hair, antes del gran shock: en 1973, a punto de encarnar a María Magdalena en Jesucristo Superstar, un atentado en el Teatro Argentino terminó con sus ilusiones. «Un comando encerró a los empleados en el baño, hubo bombas molotov y me llamaron por teléfono. Salí corriendo al teatro y vi cómo se venía abajo. Vi llorar a Alejandro Romay. Después, hacían llamadas a casa para amenazarme. Fue siniestro».

Susan Ferrer en su estudio de grabación. (Foto: Emmanuel Fernández).

Para 1974, se instaló en París, donde trabajó hasta 1976. «Me fui con Moria Casán. Ya había pasado por Brasil, Chile, Paraguay. Viajé con un elenco de la revista de Moria, L’Argentina á la Tour Eiffel. Cantaba en inglés, español, italiano. Después, yo tuve una propuesta para quedarme cantando en un restaurante exclusivo de un argentino. Cocinaban bife de chorizo y yo, contratada, me presentaba con mis canciones».Hair, Amor sin barreras, El hombre de la mancha, El loco de Asís, Primeras damas del musical. Los musicales la tomaron por completo hasta llegar a homenajear en teatro a Eladia Blázquez y a Joan Manuel Serrat. A tres décadas de su primer disco, Ferrer celebra ultimando detalles de edición del nuevo álbum, Quién va a cantar, con la participación de Litto Nebbia, Julia Zenko, Ligia Piro, Sandra Mihanovich, Marilina Ross, Rubén Rada, Karina K y JAF. ​Haga lo que haga, sabe que hay un mojón de su carrera que cada año se agrandará más: haber prestado garganta a un subcampeonato argentino. Y a los replays incesantes de los resúmenes de noticieros. El tobillo izquierdo de Dios, el llanto del arquero italiano Zenga y hasta el puñal de penal que Andreas Brehme cambió por gol ante el devastado Goyco en la final. Cada fotograma acompañado por la voz de Susan. Recuerdo de lo que no pudo ser. El verano italiano, nuestro invierno más crudo.

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