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Por qué la renuncia de Katie Hill expone la doble vara del Congreso de EEUU: pornovenganza y misoginia

Lo que está pasando en el Congreso de los Estados Unidos no solo es un escándalo sexual sino que es otro ejemplo de la histórica doble vara a la que se someten las mujeres en la política y quienes son víctimas de pornovenganza. En estos días se conoció que renunció la joven congresista demócrata por California Katie Hill, tras unos días de intensa presión social, luego de ser acusada de haberse acostado con un miembro de su equipo en el Congreso (algo que está prohibido bajo reglamento) y haber mantenido relaciones con una ayudante de su campaña.

Las relaciones salieron a la luz tras difundirse en un portal web afín a los republicanos una serie de fotografías y mensajes íntimos de la congresista, algo que ella atribuye a su marido, del que se está divorciando. A pesar de las aparentes relaciones consensuadas entre los implicados, y frente a un escenario de acción política poco ético, Hill niega las acusaciones de mantener relaciones sexuales inapropiadas con su subordinado, Graham Kelly pero sí admitió el affaire con su ayudante antes de asumir el cargo de legisladora. Hill asegura en su video de comunicado de despedida que los medios republicanos dieron espacio a los abusos cometidos por su marido y asegura que llevará a los tribunales esa violación de su intimidad.

El supuesto caso de ciberacoso y pornovenganza al que está siendo sometida Hill fue prácticamente ignorado por la plana mayor de sus compañeros de partido. Mientras Nancy Pelosi apelaba a la «dignidad e integridad en la Cámara» con su renuncia, muy pocas voces salieron a defender a la que fuese líder del grupo de novatos en el Congreso. Kamala Harris, precandidata demócrata a la presidencia, sí alzó la voz. «Hill es víctima de ciberexplotación. La sexualidad en función del género no se juzga con los mismos parámetros», opinó.

En una foto, Katie Hill aparece desnuda mientras peina a su empleada (Foto: Daily Mail)
En una foto, Katie Hill aparece desnuda mientras peina a su empleada (Foto: Daily Mail)

La periodista Jessica Valenti se sumó a las críticas y lamentó en una columna que la congresista «sea castigada por un crimen del que es la propia víctima». En su texto, Valenti recuerda que la pornovenganza es «una forma de abuso sexual y doméstico» y «una manera de controlar, humillar y castigar» a las mujeres. Algo en lo que la propia Hill pesó en su renuncia cuando justificó su salida: «Esta decisión la tomé para que la buena gente que me apoya no tenga que estar sujeta al dolor infligido por mi marido abusador y la brutalidad y odio en sus métodos que alimentan felizmente a una plataforma en la que un monstruo impulsa su campaña de desprestigio a través de la ciberexplotación».

Time, por su parte, analizó el caso de Hill en clave millennial, una generación que convive con el envío de nudes (desnudos) de forma mucho más normalizada que las anteriores. «El caso de Hill es una intersección de tres factores: tecnología, sexo y poder. La tecnología cambió el poder y el poder es vulnerable a una cadena de desgracias que no existían hace una década», apunta Charlotte Alter. La periodista asegura que el caso de Hill no será el último, ya que esta misma tecnología es la que «ofrece nuevas formas humillantes de documentar los encuentros sexuales, y todos los encuentros sexuales –especialmente cuando involucran a una figura pública– ahora están sujetos a un brutal escrutinio público».

El caso de Hill es bastante simbólico si tenemos en cuenta otros escándalos vividos en el mismo Congreso, tratados de forma diferente. La CNN recopila en The curious case of Katie Hill otros episodios en los que los implicados, todos hombres y republicanos, salieron airosos y sin renunciar a su cargo. «El perdón, cuando se trata del desorden de la política, es un privilegio mal distribuido. Más específicamente, es desproporcionado entre mujeres y demócratas», resume en su análisis Brandon Tensley.

Katie Hill mientras besa a una empleada. (Foto: Daily Mail)
Katie Hill mientras besa a una empleada. (Foto: Daily Mail)

El senador republicano David Vitter admitió en 2007 estar implicado en una trama de prostitución mientras ocupaba el cargo. En 2010, fue reelegido para el Senado. El también republicano Mark Sanford completó su mandato como senador de Carolina del Sur tras admitir en 2009 que había utilizado a su equipo para mentir a la prensa sobre su paradero mientras mantenía un romance en la Argentina. En 2013 se volvió a presentar y ganó.

El republicano Scott DesJarlais de Tenesse también sigue en el Congreso después de que se filtrara en los documentos de su divorcio que había tenido múltiples romances extramaritales y que a una de ellas la presionó para abortar. Duncan Hunter, un republicano representante de California en el Congreso, fue acusado de haber empleado gastos de su campaña en relaciones extramatrimoniales con trabajadoras del Congreso. Fue declarado no culpable en el juicio. También sigue en el cargo.

Todos los nombres de los legisladores se suman al de la persona más importante en la pirámide política: Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, que fue acusado por más de una docena de mujeres de acoso sexual y sigue en el cargo.

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