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Bolsonaro, en alerta: cayó su imagen en los primeros 100 días de su gobierno

«Brasil por encima de todo. Dios por encima de todos». Así, con esa icónica frase, se sellaba el comienzo de una era distinta. Jair Bolsonaro asumía el 1° de enero su cargo de presidente de Brasil, luego de la más impredecible y vertiginosa campaña de los últimos años, en la que el propio candidato de ultraderecha sufrió, en un acto de campaña, un atentado que lo dejó peleando por su vida. El hombre del Partido Social Liberal, legislador por décadas y cuestionada figura de la política del país vecino, se convirtió entonces en primer mandatario en medio de una brutal crisis de representatividad, después de que el Lava Jato le costara la cárcel al líder del Partido de los Trabajadores, Luis Inácio Lula Da Silva.

Ahora, pasada la llamada «luna de miel», ¿cuál es el saldo de su gestión poco más de 100 días de asumir? Vale la pena repasar los datos que arrojó, semanas atrás, una encuesta realizada por Data Folha y que, sin dudas, dispararon todas las alarmas en el oficialismo. El 30% de los brasileños califica, hasta ahora, de «mala» o «muy mala» la gestión de Jair Bolsonaro, mientras que el 33% la tilda de «regular» y un 32% como «muy buena» o «buena».

Esto es, según informó la agencia Reuters, la peor evaluación de un primer trimestre de gestión en Brasil desde la restitución de la democracia en 1985. Sólo Fernando Henrique Cardoso y Dilma Rousseff tuvieron un mayor porcentaje de evaluación «mala» o «muy mala», pero fue en sus segundos mandatos, por lo que la consultora no los considera un punto de comparación exacto con la situación de Bolsonaro. La encuesta, en la que participaron 2.086 personas de más de 16 años en 130 municipios, indicó también que el sector más insatisfecho con el actual presidente es el que gana hasta dos salarios mínimos.

Lo cierto es que para el 61% de los encuestados, Bolsonaro hizo menos de lo que se esperaba y apenas un 35% considera que satisfizo o superó sus expectativas. Esto parece estar lejos del alentador 55% con el que se impuso sobre Fernando Haddad, candidato del PT, en las elecciones de 2018. Cabe preguntarse, considerando los números, ¿qué hizo (y qué no) el actual presidente para obtener esta escasa aprobación de su gestión?

Mucho se le atribuye a las controversias que dispara el primer mandatario. En ocasión de los característicos carnavales, publicó un video entre escatológico y obsceno en el que se veía a un hombre bailando y a otro orinándole en la cabeza. «En esto se han convertido muchísimos festejos callejeros en nuestro carnaval brasileño…», decía en un tuit.

A principios de marzo, pocos días después de la controversia por el video, en un acto de conmemoración de un aniversario del cuerpo de Fusileros Navales en San José de la Isla de las Cobras, Río de Janeiro, dijo: «Esto, la democracia y la libertad, sólo existen cuando las fuerzas armadas así lo quieren». Las declaraciones despertaron pedidos de juicio político por parte de la oposición. Por su parte, el número dos del gobierno, Hamilton Mourao, se encargó de matizar los dichos de Bolsonaro y sostuvo: «Lo que el presidente dijo es que donde las Fuerzas Armadas no están comprometidas con la democracia y la libertad, esos valores mueren. Es lo que pasa en Venezuela».

Para sumar preocupaciones al complejo inicio de su gestión, Bolsonaro, -que agitó durante la campaña las banderas anti-corrupción y nombró como su ministro de Justicia al juez Sergio Moro, el hombre que llevó adelante la investigación del Lava-Jato-, debió enfrentar escándalos dentro de su propio espacio.

El presidente sacó de su cargo al Secretario General de la Presidencia, Gustavo Bebbiano, quien fue presidente del Partido Social Liberal a lo largo de la campaña que lo llevó al Palacio del Planalto. Según una investigación que llevó adelante el diario Folha de Sao Paulo, hubo irregularidades en la transferencia de dinero del Fondo de Financiamiento de Campañas Electorales al PSL. Se investiga si hubo «candidatos fachada», es decir, candidatos que en realidad no eran tales y a través de los cuales se desviaban fondos públicos que debían ser asignados a las campañas.

Recientemente, otra serie de declaraciones fallidas volvieron a poner a Bolsonaro en los títulos del mundo, después de que el Ejército fuera señalado por el crimen de un músico a quien acribillaron confundiendo su vehículo con el de un delincuente. «El Ejército no mató a nadie, el Ejército es del pueblo. No podemos acusar al pueblo de asesinato”, dijo el primer mandatario. Y agregó: “Hubo un incidente, una muerte, lamentamos la muerte de un ciudadano trabajador, honesto”.

«Creo que la imagen de Bolsonaro viene cayendo porque se nota todos los días algo que ya se notaba durante el período de transición. Una constante contradicción e improvisación. No tenía la idea de que podía ganar las elecciones y eso quedó claro», observa Marcio Resende, periodista brasileño.

«Él es muy sincero. No hay nada que él está haciendo que no haya dicho que haría. Es gracioso porque cuando algo es negativo, un político lo esconde y la gente desconfía. En este caso, dijo todo y la gente igual creyó que estaba mintiendo. Creo que los puntos que más lo dañaron fueron: una falta de administración total en el ministerio de Educación, también un cortocircuito con quien era una especie de Jefe de Gabinete, que era Bebbiano […]. Los que están moderando a Bolsonaro, aunque sea llamativo, es por el ala militar de su gobierno. Jugar tanto en las redes sociales está bien para la campaña o para sus electores fanáticos pero en un cargo de presidente, ya no se está viendo de forma positiva».

En medio de todos estos conflictos, el plan «rescate» de la imagen pública de Bolsonaro, se incorporó al gabinete al publicista Fabio Wajngarten, un hombre que estuvo cerca de él en la campaña y que está ahora a cargo de la Secretaría de Comunicación Social.

«Como muchos de los votos de Bolsonaro fueron votos prestados -porque eran votos anti-PT-, se van yendo. Yo no veo ningún operativo rescate sin reformas económicas que van a suceder después de que la reforma del sistema previsional ocurra», observa Resende.

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