Noticias

Sr. Flavio: «El skater es un rebelde, es alguien libre y que la pasa bien, algo que a algunos les molesta» – 22/04/2019


“Cuando sea grande me gustaría ser como el Sr. Flavio: vive en la costa, tiene una camioneta Chevrolet vintage para llevar su tabla de surf y toca con sus hijos en una banda de death metal”. Muchas veces Twitter es una cloaca donde cualquiera se cree con el derecho de rebatir la teoría de la relatividad con conocimientos nulos de física, pero otras permite leer piropos como éste, destinado a Flavio Cianciarulo, que no es textual, pero cuyo espíritu se respeta.Y es que el bajista de Los Fabulosos Cadillacs combina su vida como músico con su residencia en Chapadmalal, su amor por el surf y el skate, y sus múltiples actividades junto a sus hijos: bajista en Sotana, una banda de metal extremo liderada por su hijo Jaco, y su propia actividad, que en estos días lo encuentra abocado a la presentación de Sardinista, su último trabajo. Una ópera rock con las olas, el punk rock y el viento como protagonistas, que de alguna forma quedó como precuela de La salvación de Solo y Juan, el último disco de los Cadillacs, que también responde al formato popularizado por Tommy de The Who, y que fue la excusa para esta charla sobre la vida, el océano, y el canto.

En primera fila del rock | Te acercamos historias de artistas y canciones que tenés que conocer.

Todos los jueves.

-Te vas a embarcar en la Gira Sardinista, un disco que nunca tocaste en vivo…-Nunca toqué Sardinista en vivo. Tuve la chance de ser editado por Sony, y les hice un engaño hasta infantil y cariñoso, porque me preguntaban cuándo lo iba a tocar y yo sabía que no lo iba a hacer, porque se venía todo lo de los Cadillacs. Y así llegamos hasta hoy: la Gira Sardinista es una excusa, no es que voy a presentar el disco tal como quisiera, con una cuestión visual y hasta teatral, que es algo que sí me va a quedar pendiente, sino que tocaré algunos temas de ahí y otros de mis discos solistas anteriores. La banda son mis hijos Astor y Jaco, y mi hijo adoptivo que es el baterista. O sea: mi backing band es Visión, que es la banda de los pibes.

Entre hijos. Flavio Cianciarulo, flanqueado por sus hijos Astor (a su derecha) y Jaco. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

-Tocás mucho con tus hijos, por lo que se deduce que ellos te demostraron tener un nivel de exigencia y de talento para hacerlo. ¿Cuáles son sus principales virtudes y qué les faltaría para ser aún mejores músicos?-El nivel de exigencia lo tengo yo contra ellos, porque son jóvenes y están mucho más frescos que yo. Acá se acabó eso de: “Mirá pibe, porque en mi época…”. Ahora es: “Mejor escuchemos a los pibes”. Obviamente uno con la experiencia les puede dar cierta contención, pero a mí me parece mucho más interesante escucharlos. Yo compartía un montón de cosas con mi viejo, pero en lo musical había una brecha generacional grande. Nos juntábamos a escuchar música, porque a mí ya me empezaba a gustar el jazz, pero yo tenía que ir a su lugar, porque para él el rock era ruido. En este caso, mis hijos terminaron escuchando la música que escucho, sin que haya habido una imposición de mi parte. Y para que sean mejores músicos, creo que primero tienen que ser mejores personas. Y tocar, aunque eso ni se los tengo que decir, ya que lo tienen muy incorporado.-¿Y cómo surge Sotana?-Sotana es un emprendimiento creativo capitaneado por mi hijo Jaco. El siempre tuvo una temprana afición por el metal más oscuro y más extremo. Tal vez dentro de la familia siempre fue el que tuvo más devoción por un género. Astor es más parecido a mí, quiere mezclar todo, tocar un poco de jazz, un poco de funk, un poco de rock. En ese contexto nos empezó a pasar cosas, y un día me preguntó: “Papá, si hiciéramos una banda de metal, ¿qué nombre le podríamos poner?”. Y yo, teniendo en cuenta esa música, le dije: «Sotana». Tenemos dos discos, uno que se llama Secta del acantilado y un EP que se llama Deshonrarás.-¿Cuánto hace que vivís en Chapadmalal?-Yo soy de Mar del Plata, y hace como diez años estamos en Chapadmalal dada la afición al surf de toda mi familia y de mi hija Coco como competidora del seleccionado nacional. Al principio nos instalábamos de noviembre a mayo, yo iba y venía, y el medio año restante nos quedábamos en Buenos Aires. Ese medio año dejó de existir, y nos instalamos de manera permanente en los últimos cinco años.

-De un tiempo a la fecha aparece en público tanto tu afición a los deportes de tabla, que siempre la tuviste, con una preocupación por el cuidado del medio ambiente y del mar…-Los deportes de tabla trascienden al deporte. El skater es un artista que ve de otra manera la ciudad. Es un rebelde, un iconoclasta; es alguien libre y que la pasa bien, algo que a algunos les molesta. Y el surf te pone en un contacto directo con la naturaleza, es algo espiritual. Cuando vos te metés al agua ves cosas, por ahí aparece una gaviota, o un delfín. Entonces, no es ese discurso de «estos surfean y por eso quieren cuidar la playa”, porque en el océano comenzó la vida. Podemos decirle a las industrias que paren y hay que hacerlo, pero yo quiero empezar por un mensaje más chiquito y corto: no tiremos colillas de cigarrillo o plástico a la calle, porque es muy probable que esa basura termine en el mar. Me interesa transmitir ese mensaje.Sr. Flavio y Los Fabulosos Cadillacs»He odiado a los Cadillacs y luego me recontra amigué»

Los Fabulosos Cadillacs. Una banda de amigos, con ganas de prolongarse en el tiempo. Foto: REUTERS/Steve Marcus

Flavio admite que Sardinista puede ser visto como un antecedente directo a La salvación de Solo y Juan, la ópera rock que es el último (hasta aquí) disco de los Fabulosos Cadillacs. “De hecho, un día vino Gaby (N. de R.: Vicentico) a casa, me preguntó qué estaba haciendo y le mostré los demos. Y me dijo ‘¿Y por qué no hacemos algo así con los Cadillacs?’, algo que veníamos fantaseando mucho tiempo atrás con ellos”, cuenta.

Al mismo tiempo, recuerda las criticas que sufrieron con cada uno de sus volantazos artísticos: “Hay gente que te sigue en todas, hay gente que dice que le gustan los dos primeros discos de los Cadillacs, bien ska; hay gente que detesta esos discos y ama Fabulosos Calaveras. Yo me identifico con esos artistas que te hacen perder, que buscan, y celebro eso. He odiado a los Cadillacs y luego me re contra amigué. Y hemos estado tanto tiempo juntos que a veces estamos cariñosamente separaditos. Lo importante es que los cariños están al pie y el afecto también”.En línea con eso, adhiere a la idea de que, con la incorporación de su hijo Astor y de Florián (el hijo de Vicentico) esa amistad que siempre fue la bandera del grupo se trasladó a los hijos como ocurre con muchas orquestas de salsa o de jazz: “Me encanta y hoy es la clave de lo que nos pasa. Eso del grupo familiar es algo que he deseado desde que me topé con las orquestas cubanas. Ojalá que Florián y Astor sigan con los Cadillacs a futuro, y que Gaby y yo los miremos sentaditos como tocan. Eso sí: ¡Ellos dos, y Rotman! (risas)”.