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El triste e injusto último capítulo de Julio César Toresani en el fútbol – 22/04/2019


El partido estaba ahí y el Huevo Toresani lo sabía. Rampla Juniors se había repuesto del gol tempranero de Peñarol y en el segundo tiempo era el claro dominador del partido. En el Campeón del Siglo, el modesto Picapiedra tenía contra un arco al equipo más poderoso del Uruguay y el entrenador palpitaba el partido desde el banco de suplentes con la misma pasión que había mostrado dentro de la cancha como jugador.A Julio Toresani, que había llegado a Rampla para dirigir en el Apertura de Uruguay, lo perseguía un recuerdo molesto: su equipo venía en la primera fecha de remontar una desventaja de tres goles contra Progreso, pero por un descuido sobre el final llegó un tanto de Rodrigo Viega que determinó la caída 4-3. No podía volver a pasar.

 

Diego López, técnico de Peñarol, vio la fragilidad de su ventaja y en el entretiempo metió mano: reforzó la marca en el medio con la entrada del Vikingo Marcel Novick. Del otro lado, el Huevo entendió que era su momento para quemar las naves: hizo dos cambios ofensivos y fue a la carga en busca de ese empate que parecía al alcance de la mano.
Desde las plateas mojadas del sector Henderson, los que se animaron a desafiar el frío y la lluvia del gris domingo montevideano veían los lamentos de Toresani en primer plano, a unos 15 metros de distancia. Pasaron una, dos, tres, cuatro situaciones de gol para Rampla que se desperdiciaron. La ocasión, esa mujer que los griegos imaginaron calva y con un mechón de pelo en la frente, le pasaba de largo al modesto equipo de camiseta verde y roja mientras el Huevo expresaba su frustración con gestos elocuentes.

 

En un rato, Rampla pasó de acariciar la igualdad a la desazón absoluta. Porque primero Brian Rodríguez puso el 2-0 tras una corajeada de Novick, y poquito después Melazzi, uno de los jugadores que había hecho ingresar el entrenador argentino unos minutos antes, se hizo expulsar por una discusión en el área de Peñarol antes de un tiro libre.

 

 

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El final, en ese nuevo escenario, estuvo dentro de lo previsible. Con Rampla desmoronado en lo anímico, Peñarol sacó a relucir su mayor jerarquía y llegaron los goles de Lucas Hernández, Gastón Rodríguez y Acevedo para redondear un exageradísimo 5-0.Después del partido, Toresani le ofreció sus disculpas al público de Rampla. Más allá de la buena actuación del equipo hasta el segundo gol de Peñarol, que todos destacaron, la goleada lo había golpeado fuerte. Pero todo estaba por empeorar: Rampla lo iba a despedir luego de un fuerte cruce con el presidente, Ignacio Durán, alegando “situaciones estrictamente extradeportivas que hacen imposible la continuidad”.Este lunes, se conoció la noticia de que Toresani, que venía sufriendo una severa crisis depresiva, fue hallado muerto a los 51 años. Así, quedó como su último capítulo en el fútbol aquella noche hostil de Montevideo de la que debió haberse llevado algo más. Aunque el fútbol, como la vida, a veces no sepa de justicia.

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