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El retrato inquietante de Donald Trump, en un informe sobre la trama rusa – 22/04/2019


Por Julie PacePara Donald Trump, el inicio de la investigación del fiscal especial Robert Mueller se parecía bastante al final de su presidencia. Por lo tanto, intentó detenerla.
 

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Su esfuerzo de tantos meses empujó los límites de los poderes presidenciales y la ley, y reveló a un comandante en jefe consumido por el interés propio y el intento de hacer que sus lugartenientes más importantes mientan o se ofusquen en su nombre. El hecho de que muchos se negaran a hacerlo, puede haber ayudado a salvar a Trump de recibir cargos por obstruir la justicia.Esos asesores efectivamente sirvieron como barandas protectoras en una Casa Blanca, que a menudo parecía no tener protecciones. Un asesor de la Casa Blanca que le dijo al presidente que preferiría renunciar antes que desplazar a Mueller. Otro asistente de alto rango del Ala Oeste, que silenciosamente ignoró un pedido para pasar mensajes al Ministro de Justicia, quien ya se había apartado de la investigación.

 

“Con frecuencia, los incidentes se organizaban en reuniones individuales, en las cuales el presidente buscaba utilizar su poder oficial fuera de los canales usuales”, escribió Mueller en el informe de 448 páginas.Los episodios detallados por el fiscal especial pintan un retrato inquietante de un presidente consumido por la investigación. Aún después de más de dos años de revelaciones sobre la disposición de Trump a la mentira o a presionar a otros a hacerlo, el informe de Mueller pone en el tapete la desconsideración del presidente por las normas de gobierno y su deseo de desafiar tanto los límites legales, como los políticos.Trump y sus asesores pueden anunciar el hecho de que dos años de investigación finalizaron sin cargos penales para el presidente por obstrucción o conspiración criminal con Rusia, para ayudarlo a ganar la elección de 2016. Aunque numerosas personas relacionadas con Trump, incluso el ex asesor de seguridad nacional Michael Flynn y el ex jefe de campaña Paul Manafort, se declararon culpables por delitos, ningún estadounidense fue imputado por confabular con Moscú.“Su mayor refutación será que está en su puesto, que seguirá en el cargo y será reelegido porque los demócratas no tienen nada”, dijo Kellyanne Conway, asesora de alto rango de la Casa Blanca, acerca del presidente.Realmente, los próximos pasos de los demócratas no son claros. Algunos legisladores probablemente continuarán presionando por un juicio político, aunque los líderes del partido son escépticos acerca de este enfoque. El Presidente del Comité Judicial de la Cámara, Jerrold Nadler, solicitó que Mueller dé su testimonio ante su comité dentro de unas semanas, y planifica pedir el informe completo y la evidencia subyacente.Sin embargo, el fin de la investigación de Mueller hizo más que responder preguntas acerca de si Trump y sus asociados cometieron delitos. La investigación destacó hasta dónde llegó Trump empujando los límites de la presidencia y alentando a otros a que lo ayuden a hacerlo.El diputado Adam Schiff, presidente demócrata del comité de inteligencia de la cámara, dijo que mientras las acciones de Trump podrían no ser penales, fueron “deshonestas, poco éticas, inmorales y antipatrióticas”.

 

Las acciones de Trump estuvieron en línea con su comportamiento como empresario, cuando empleó a un equipo de abogados y apañadores para que lo protegieran de los problemas legales. Uno de esos confidentes de larga data, el abogado Michael Cohen, fue derrotado en una investigación derivada de la averiguación de Mueller, centrada en los pagos de dinero muy secretos qué realizó durante la campaña de 2016 a mujeres que alegaron haber tenido relaciones sexuales con Trump.En otras facetas de su administración, Trump también corrió los límites legales. En repetidas ocasiones, dio instrucciones a los asesores en inmigración para que tomen medidas que ellos consideraban ilegales, incluyendo el impedimento a todos los inmigrantes de buscar asilo. Cuando quedó claro en las últimas semanas que esos asesores no seguían sus órdenes, ordenó un cambio de las jerarquías principales del Departamento de Seguridad Nacional.Hubo ecos claros de ese comportamiento en todo el informe de Mueller.El episodio más asombroso se produjo en junio de 2017, cuando Trump instruyó al Consejero de la Casa Blanca Don McGahn, llamar al vicefiscal general Rod Rosenstein, quien supervisó la investigación, y decir que Mueller debe ser destituido porque tenía conflictos de intereses. McGahn se negó, y decidió que prefería renunciar a detonar una potencial crisis constitucional.Dos días después, el presidente intentó otra vía para alterar la investigación. Durante una reunión con un ex ejecutivo de campaña, Corey Lewandowski, dictó un mensaje para que Lewandowski lo transmitiera al entonces ministro de Justicia general, Jeff Sessions. Aunque Sessions ya se había apartado de la investigación, Trump le estaba ordenando que públicamente calificara a la investigación como “muy injusta” para el presidente, declarara que Trump no había hecho nada malo y además decía que Mueller debía limitar sus averiguaciones a “investigar interferencias en elecciones para comicios futuros”.Lewandowski no quiso entregar el mensaje, según Mueller, por lo tanto, le pidió al funcionario de alto rango de la Casa Blanca, Rick Dearborn que lo hiciera. Dearborn se sintió incómodo con el pedido, escribió Mueller, y no cumplió con la directiva.La mayoría de los asesores que bloquearon los pedidos de Trump, desde entonces, han dejado la administración.AP

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