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Bruno Gelber: «Mi único concierto sin nervios fue el primero» – 21/04/2019


Entrevistar a Bruno Gelber en su casa es asistir a un banquete, una fiesta gastronómica y visual cuya marcha él supervisa con un gesto o una mirada sin distraerse nunca del tópico que la convocó. En esta oportunidad la charla gira alrededor del Festival Konex, que Gelber abrirá con un programa suculento: las sonatas Claro de luna y Waldstein, de Beethoven; el Carnaval, de Schumann y el Andante spianato de Chopin. Obras conocidas dentro del repertorio clásico, pensadas para atraer a un público nuevo.“Es importante acercar esta música a escenarios diferentes”, dice mientras señala los sandwiches de miga a modo de invitación. “Mucha gente no va al Colón porque tiene algo más que respeto por su aura. Esta es una oportunidad de abrirse a nuevos públicos. Fui a ver el lugar, probé el piano y dije cómo quería que fuera la iluminación”, dice.

Bruno Gelber, un gran anfitrión para las entrevistas.

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-¿Qué tipo de luces pedís, cenitales?-No, las luces cenitales te hacen ver como un perro. Quiero tener buena luz, para que se cree un clima.-Parece difícil crear un clima para la música clásica en la sala del Konex.-Es un desafío, pero si tocás solamente en el Colón no salís de un ambiente. Y hay que decir que la sala del CCK tampoco es perfecta.

-Es cierto. Se habla muy bien de su acústica, pero más de una vez me tocó sentarme en un lugar donde no se escuchaba el piano.-Me dijeron lo mismo. Pero volviendo al punto del Konex, todos los pianistas de mi generación tocamos en salas del cine Broadway, Gran Rex y Ópera. También en el Coliseo, que siempre fue la más decente de todas. Así que no nos vamos a poner remilgados con este tema.-¿Habrá cámara acústica?-No, no hay. Pero vamos a poner un poquito de amplificación para lograr una mínima reverberación.-¿Cómo elegiste el programa?-Me pidieron un programa romántico, pero evidentemente no quieren algo difícil. No quiero decir que pretendan uno fácil, pero sí seductor. Creo que el que elegí es muy lindo para todo el público. Claro de luna es una sonata muy agradable para comenzar un concierto.-¿Por qué?-Porque a través de los arpegios del comienzo permite entrar en un mundo interior, tomar conciencia del lugar, del público y de la sala para crear un ambiente. La Waldstein ni hace falta que te cuente lo que es.-Más que una sonata es como una cabalgata…-Ya lo creo. Después el Carnaval, que es precioso.-¿Creés que asistirá un público más joven, que te conoce menos que el habitual del Colón?-Mirá, te voy a decir algo que no sonará modesto: yo gozo de una situación muy particular en Argentina porque soy muy popular con una música que no es nada popular. Salgo a la calle y me piden sacarse una foto conmigo. No sé por qué me reconocen. No creo que me hayan escuchado, pero gozo de esa fama.-Fuiste invitado durante muchos años al programa de Mirtha Legrand, en un tiempo en que ese tipo de programas eran casi todo lo que había para ver. Tocar en un set de televisión debe ser difícil, ¿no?-Sí, es difícil. No se puede manejar el ambiente entre las cámaras y ese micrófono jirafa. Pero cuando uno es conocido las cosas son más sencillas. Aunque lo que vuelve difícil todo es sentir la mochila de lo que uno es, la responsabilidad de responder a la figura que uno creó. Te soy sincero, el único concierto que di sin nervios en mi vida fue el primero, cuando tenía cinco años. No es que el resto los diera nervioso, pero está siempre ese cosquilleo.-¿Cuándo afloja el cosquilleo?-Te das cuenta de que se te fue cuando tocás la última nota. Y una cosa tremenda que nos sucede a los artistas es que no tenemos la razón clara de lo que hicimos. El que produce no es árbitro de lo que hace. Y eso es tremendo. Te voy a contar dos anécdotas: una vez llegué a casa y estaban mamá con una alumna escuchando una versión de la sonata Patética. Entré despacio al salón y me uní a la audición. Pensé que estaba escuchando la grabación de Horowitz, que era la que teníamos en casa, y me dije que en la vida iba a conseguir esos acentos del alma. ¿Sabés una cosa? ¡El que estaba sonando era yo! Otra vez, en Ginebra, me pasó exactamente lo contrario. En el año 65 me habían contratado para dar unos conciertos. Paré en la casa de un amigo melómano, quien, días después de una función, me organizó una comida para que viéramos la televisación del concierto al que él no había podido asistir. Yo estaba encantado porque sentía que había tocado como un rey e imaginé que mi amigo, conocedor y crítico, se quedaría con la boca abierta al escucharme. Pero llegó la hora, pasó el concierto y todo lo que yo había sentido, todo el drama que yo tenía, no sonó. Había quedado todo dentro de mí. Nada de lo que yo sentí se escuchó. Así que entendí que uno no sabe qué es lo que de verdad sucede cuando toca.»Una cosa tremenda que nos sucede a los artistas es que no tenemos la razón clara de lo que hicimos. El que produce no es árbitro de lo que hace. Y eso es tremendo».-En el Colón la platea está más alejada del piano. ¿Tenés, desde el escenario, alguna impresión de lo que sucede con el público?-No, en salas enormes como la del Colón o la del Carnegie Hall, el público está más lejos. Siempre hay que tener en cuenta que el público no es una masa, y muchas veces sucede que hay gente que sobresale especialmente. Hay que saber manejar al público, no sólo conquistarlo y llegar al centro vital de ellos.-Eso no se puede planificar, ¿o sí?-La misión del artista es llegar al centro vital del público, a través de la inspiración, por supuesto. No hay nada que puedas planificar fuera de eso. Pero luego también hay que saber manejar las ansiedades, los fanatismos, los enamoramientos.-¿Hacia dónde va el mundo del piano, este precioso dinosaurio que sobrevive a la tecnología?-Yo me preguntaría más bien cómo va el mundo de los jóvenes respecto de la música. Los jóvenes que vienen me preguntan en cuánto tiempo pueden hacer la carrera.-Una pregunta extraña en el universo artístico…Sí, pero hay que saber lidiar con la inmediatez de hoy. Yo les digo que el talento para la música no alcanza, que hay que tener el temple, la memoria, la concentración. Pero tener todo eso tampoco da seguridad. Que la gente se fije en lo que hacés y que quiera escucharte es algo que no se puede forzar y que no hay modo de anticipar.Las obsesiones de los fans

Bruno Gelber. Bienvenidos al banquete.

-¿Podés percibir el calor o el frío del público con claridad, ¿o tampoco?-Con el público pueden pasar cosas tremendas. Recuerdo a una chica que se reía de todo lo que yo hacía. Estaba en las primera filas. No podía parar, tenía un ataque de risa que le duró todo el concierto.-Qué perturbador.-Si hubiera estado solo, la habría parado, pero era un concierto con orquesta así que no podía hacer nada.-¿Tuviste que lidiar con fanatismos y enamoramientos?-(Se ríe) Más de una vez tuve que cerrar la habitación con mil llaves y poner todos los muebles contra de la puerta para que alguien no entrara. Hay gente que se perturba por lo que recibe del artista y no es consciente de lo que hace. El artista debe ser gentil y tener cancha para manejar la situación. Muchos creen que la música clásica no arranca este tipo de emociones, pero sí que las provoca y son muy intensas.»Más de una vez tuve que cerrar la habitación con mil llaves y poner todos los muebles en contra de la puerta para que alguien no entrara. Hay gente que se perturba por lo que recibe del artista y no es consciente de lo que hace».DataLa quinta edición del Festival Konex está dedicado al Romanticismo y la música de Chopin, en su 170 aniversario de su fallecimiento. Martes 23, a las 20: abre Bruno Gelber. Miércoles 24, a las 20: Pawel Kowalski y el Cuarteto Petrus. Jueves 25, a las 20: Trío Ginastera (Xavier Inchausti, José Araujo y Marcelo Balat). Viernes 26, a las 20: Hyo-Joo Lee. Sábado 27, a las 20: Horacio Lavandera. Y domingo 28, a las 19: Gala de Ballet.Todos los espectáculos tendrán lugar en la Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131, CABA. Entradas desde $300, a través de https://entradas.cckonex.org