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Notre Dame, la catedral que condensa el espíritu de Francia – 15/04/2019


“Se fue una parte de nosotros”, dijo anoche el presidente Emmanuel Macron con un temblor en su voz. No exageraba. Pocos símbolos condensan la historia del país como la catedral de Notre Dame, un sentimiento compartido que une a los franceses desde hace ocho siglos. Su incendio -y esto es lo relevante a estas horas- es un golpe formidable al imaginario nacional. Sobreviene en un momento político complejo, con un país cruzado por las divisiones y una creciente desconfianza entre clases.

Historia. El momento de la auto coronación de Napoleón Bonaparte, en 1804.

Dedicada a María, la madre de Jesús, la catedral se sitúa en la pequeña isla de la Cité, abrazada por las aguas del Sena, en el corazón de Paris y en el mismo asiento donde surgió la actual capital, la antiquísima Lutetia, en épocas romanas. El lugar estaba consagrado al culto religioso, lo cual ya en esos años implicaba un fuerte ligamen político. Eso es lo que le confiere al solar un significado casi fundacional para la historia de Francia. Allí, sobre la primera iglesia cristiana de París, la basílica de Saint Etienne, erigida en el siglo VI, comenzará la construcción de Notre Dame en 1163, que durará dos siglos.

 

Se trata de uno de los edificios más antiguos de cuantos se construyeron en estilo gótico, el sublime formato arquitectónico francés que sucedió al tardorrománico. La aparición de ese estilo no es casual porque expresa la contradicción histórica del período. De un lado, se origina en una sociedad que pugna por salir del feudalismo, con el auge de las ciudades, el nacimiento de la universidad con su aliento crítico a la tradición y la irrupción de la burguesía como nuevo sector social. La proliferación de iglesias en una Europa aún rural potencia la industria de la construcción y el primer capitalismo. Pero al mismo tiempo, el gótico de Notre Dame y de otros templos, con sus largas agujas hacia el cielo, expresa también a una sociedad que todavía busca a Dios como fundamento de todo. “En sus ladrillos, la materia se asocia allí al espíritu”, sintetizó como nadie George Duby, el notable historiador francés del Medioevo.

Visita. El presidente de Francia, Emmanuel Macron (c), y su esposa Brigitte Macron (c-d) visitan a los bomberos que intentan apagar el incendio en la catedral de Notre Dame (EFE).

Todos estos contrastes son los que hacen a Notre Dame tan especial para la historia de Francia, estando íntimamente ligada a la idea del esplendor en el seno de una sociedad que cambia a ritmo acelerado. Todas las clases sociales, dicen las crónicas, financiaron sus obras. Lo cual reforzó el lazo comunitario de pertenencia.

 

Ya hacia 1345, cuando se concluye su erección, la catedral acompaña el ascenso centralizador de París y la constitución incipiente de un Estado fuerte, que articulará desde entonces a su alrededor toda la vida comunitaria nacional. Francia será así católica de origen, como lo expresa el templo. Pero el racionalismo estatal impondrá más tarde un fuerte laicismo que distinguirá a Francia respecto de otros países de Europa.

Una foto de la catedral de Notre Dame de 1911. (AP Photo/File)

 

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La catedral ha sido escenario de episodios sustanciales en la memoria nacional. Bajo la era de las Luces, durante la Revolución, sectores de la catedral fueron destruidos y varios de sus tesoros robados. En 1804 Napoleón Bonaparte eligió su altar para coronarse a sí mismo emperador de Francia, del mismo modo que Enrique VI de Inglaterra había subido al trono en 1429 durante la guerra de los Cien Años. En pleno Romanticismo, hacia 1831, un inmejorable Víctor Hugo escribió la novela Nuestra Señora de París. En una catedral aún medieval, la historia habla del jorobado Quasimodo, su amor por una gitana y su devoción por el templo, donde habita y trabaja como campanero.Desde sus inicios, la catedral ha albergado obras de arte emblemáticas del acerbo galo, como una serie de cuadros llamados los “Mays” encargados entre 1630 y 1707 por el gremio de los orfebres de París para ofrecerlas en honor a la Virgen María. Una reliquia histórica, que se conoce como el Tesoro de Notre Dame, es la túnica de lino del rey San Luis, del siglo XIII, un ícono nacional. Todo ese material sobrevivió a las llamas.

Una foto tomada en 1987. (AP/Lionel Cironneau, File)

Notre Dame, que es propiedad del Estado francés, trascendió hace tiempo su carácter religioso: la “vieja dama” une el pasado con el futuro de Francia; es el alma que asocia a los reyes, la Revolución y los presidentes de hoy. El fuego aún ardía cuando se oyeron los primeros llamados para la reconstrucción. Macron busca convertir el caso en una causa nacional que sofoque los disensos actuales. Todos saben que empieza ahora la asignación de responsabilidades.

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