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Demasiado cerca: por qué la carrera presidencial del demócrata Joe Biden puede terminar antes de comenzar

Una suerte de cataclismo copó los medios norteamericanos en las últimas semanas. El demócrata Joe Biden, vicepresidente durante la gestión de Barack Obama y varias veces legislador por el estado de Dellaware, fue acusado de conducta inapropiada, por haberse aproximado y establecido contactos físicos demasiado cercanos con algunas mujeres. En estos casos, no se trata de acusaciones de abuso sexual, pero sí de un comportamiento considerado por quienes lo denunciaron públicamente inadecuado y profundamente incómodo.

Una de las mujeres que públicamente acusaron al posible candidato demócrata fue Lucy Flores, exlegisladora demócrata. Según cuenta la referente política, en un acto del partido, el vicepresidente asistió a darle apoyo cuando competía como candidata a vicegobernadora de Nevada y su conducta física fue más allá de lo tolerable, tomándola por detrás y besándola en la cabeza.

En una entrevista con CNN, Flores dijo: «Yo quiero que él cambie su comportamiento y que reconozca que estuvo mal (…). Esto se trata de hombres poderosos sintiendo que tienen el derecho a invadir el espacio personal de una mujer cuando quieren. Esto se trata de que las mujeres sintamos que tenemos relevancia. Que si no queremos que nos toquen, ¡entonces no nos toquen!».

La segunda mujer que lo acusó fue Amy Lappos de Connecticut. Aseguró que en un evento para reunir fondos, Biden la tocó de manera inapropiada frotando su nariz contra la de ella. «Creí que me iba a besar en la boca», declaró la mujer a la prensa local.

También en las últimas semanas, se viralizó una imagen de Biden agarrando de los hombros a Stephanie Carter, esposa del exsecretario de Defensa Ashton Carter. Lo que podía parecer otro caso más de conducta inapropiada fue rápidamente descartado por la propia Stephanie, que dijo que la actitud de Biden en ese momento fue para «brindarle apoyo» y aseguró que se sentía mal de que eso fuera tomado a modo de chiste o hasta considerado como una prueba de que Biden no entendía o no sabía cómo respetar a las mujeres.

Stephanie Carter y Joe Biden, a la izquierda de la imagen. En el centro, Ashton Carter, exsecretario de Defensa de Estados Unidos.
Stephanie Carter y Joe Biden, a la izquierda de la imagen. En el centro, Ashton Carter, exsecretario de Defensa de Estados Unidos.

La primera reacción de Joe Biden fue negar las acusaciones y asegurar que nunca fue su intención incomodar a nadie. Atribuyó su conducta a meras expresiones de afecto. Con el correr de los días, la estrategia del hábil ex vicepresidente mutó. De hacer chistes sobre la controversia pasó a publicar en Twitter un video haciendo un mea culpa, asumiendo que su comportamiento implicó una falta de lectura de los cambios de paradigma.

«Las normas sociales están cambiando. Entiendo eso y he escuchado lo que dicen estas mujeres. La política siempre ha sido para mí una cuestión de conectar con las personas, pero voy a ser más consciente acerca del respeto al espacio personal en el futuro. Esa es mi responsabilidad y voy a cumplirla», escribió en el mismo tuit.

¿Arroja este escándalo por la borda la candidatura del experimentado político de ya 76 años? ¿Está demasiado asociado a viejos paradigmas o es meramente la expresión de una idiosincrasia que vive en el corazón de los tradicionales partidos? ¿Se trata, como plantearon algunos analistas, de un candidato del siglo XX que no puede leer el siglo XXI? Sin duda, sobrevivir políticamente a esto será un desafío pero también es cierto que Biden se perfila como el candidato con más posibilidades de enfrentar a Trump, junto con el también demócrata Bernie Sanders. ¿Podrá Biden ganar una interna en el mismo partido que le pidió explicaciones?

Del otro lado, y con la mirada puesta en su reelección, está Donald Trump, un hombre que ha sido acusado de numerosas ofensas no solo contra mujeres sino contra diversos grupos étnicos y religiosos. Con un tuit en el que se ve un montaje de Biden acercándose a sí mismo, a modo de parodia, Trump escribió: «Bienvenido de vuelta, Joe».

Ante esto, Biden respondió, también a través de su cuenta de Twitter: «Veo que estás concentrado en tu trabajo y presidencial, como siempre».

¿Por qué las acusaciones contra Trump no van tan en detrimento de su aceptación como parecen hacerlo las de Biden? Aquí, la diferencia reside en el potencial electorado (o la «audiencia») a la que cada uno de los referentes parece apelar. En el partido demócrata, sin duda, las acusaciones contra Biden entran en conflicto directo con la agenda progresista que el partido (sobre todo, sus referentes más jóvenes) promueve. En el caso de Trump, su incorrección y violenta retórica no parecería entrar en contradicción con el ideario que él mismo creó, primero como candidato y luego como presidente.

Aunque todavía es demasiado pronto para proyectar qué puede pasar con Biden y con su candidatura, lo que es seguro es que los «cambios de paradigma», tal como describe el propio demócrata en su disculpa pública, llegaron para quedarse. Y que la política, sus concepciones del poder, de la cercanía y de lo que es o no aceptable, tendrán que adaptarse a ellos.

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