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Crítica: «When We All Fall Asleep Where Do We Go?» de Billie Eilish – 09/04/2019


Igual que Lorde hace un lustro, Billie Eilish es una adolescente capaz de encantar a su generación con un plan tan simple como el de erigirse como una anti-estrella. Por supuesto, la diferencia entre proponerlo y conseguirlo no radica en un proclamar una profecía autocumplida y esperar el resultado, sino poseer una cuota de talento por sobre la media.Hija de la actriz Maggie Baird y el músico y guionista Patrick O’Connell, a los 14 años tuvo un hit viral titulado Ocean Eyes, pero entonces nadie le pronosticó que fuera a ser el único. La canción, en vuelta en tirabuzones de teclados y tenues falsetes, remitía un halo encantador. Algo estaba por suceder.

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“¿Acaso soy el único al que le gustaría ver a Billie en una película de terror?”, dice un usuario de YouTube con el nick Tenorbuds, uno de los 114 millones de personas que visualizaron el clip de Bury a friend (Enterrar a un amigo), uno de los catorce temas que componen When We All Fall Asleep Where Do We Go?, su primer disco completo, producido por Finneas O’Connell, hermano y co-compositor.“¿Cómo se supone que debo hacerte sentir bien cuando todo lo que haces es caminar hacia el otro lado? No puedo decirte cuánto desearía no querer quedarme, solo desearía que fueras gay”, expresa en Wish You Were Gay, un modo centennial de afrontar la pansexualidad: lacerante y simpático a la vez.Eilish, para quien las inflexiones de soul no están reñidas con una tonalidad dark de encarar música e imagen, también está sujeta a obsesiones de época. Fanática de la serie The Office, no duda en intercalar un diálogo del capítulo The Threat Level Midnight en My Strange Addiction: una base esquelética para una sugerente confesión.El tema estrella, dentro de una obra que se asemeja a un desfile de singles, es Bad Guy, una enumeración de clichés del típico macho que recibe un freno en seco. Cuando la letra parece caer en un tobogán, devela el truco: el chico malo es ella.