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¿Cómo puede luchar la UE contra la desinformación? Vivimos en un mundo en el que «podemos hackear humanos»

Nos encontramos en un momento en que la manipulación invisible de la opinión pública a través de los medios digitales es más que un hecho. Llevamos años escuchando el término de fake news, pero no hace tanto que hablamos de guerras de información. La clave de la desinformación está en la naturaleza de las plataformas que hacen que estas fake news se propaguen, como las redes sociales. ¿Cómo combatir esta guerra de la información? Este ha sido el tema principal de la conferencia organizada por Esta Vez Voto y en la que han participado varios miembros del Parlamento Europeo.

Para empezar, mediante la educación de la sociedad. En segundo lugar, mediante las empresas de verificación. Y, por último, con la regulación internacional para luchar contra todas las plataformas que viralizan la desinformación. No obstante, prima un mismo sentimiento entre los ponentes de ‘Guerras de la Información: Propaganda en el siglo XXI y cómo la Unión Europa puede combatir la desinformación’: el debate es tan nuevo que falta experiencia.

Carlos Rul·lan, asistente de comunicación del Parlamento Europeo; Marta Peirano, periodista especializada en privacidad y ciberpropaganda; Joaquín Ortega, director de Contenidos en Newtral; Alessia Putin, antigua representante de Italia ante la UNCTAD de Naciones Unidas y profesora en la Universidad Europea; y Borja Moya, storyteller experto en Privacidad y profesor en el Máster in Global Affairs de la URJC y UPEI han intentado dar respuesta a algunas de las incógnitas que giran en torno a la desinformación.

Las redes sociales han ido ganando protagonismo en los últimos años. Esta evolución tecnológica ha hecho que cambie incluso la forma de hacer política: «Trump gobierna más a golpe de tuits que mediante leyes», ha comenzado diciendo María Andrés Marín, directora de la Oficina del Parlamento Europeo en España, quien se ha mostrado preocupada por el daño que puede hacer la desinformación en las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 26 de mayo.

Además, los medios de comunicación han dejado de ser la principal fuente. «La gente le da la misma veracidad a lo que un amigo le pasa por redes que a lo que lee en los medios de comunicación», relata María Andrés. «Por este motivo, es muy importante la educación de la sociedad».

La privacidad, la clave del poder

Ligada a la guerra de la información se encuentra la privacidad, «clave del poder del siglo XXI», según cuenta en su ponencia Borja Moya. «La forma de conseguir poder se hace mediante la Inteligencia Artificial y el motor que mueve la Inteligencia Artificial son los datos masivos. La forma de conseguir esos datos masivos es violando la privacidad», ha contado Moya sobre los datos personales que las redes sociales obtienen de nosotros, por ejemplo.

«Con esta revolución tecnológica que estamos viviendo somos capaces de hacker humanos», insiste Moya. «Estamos en medio de una guerra, la guerra de la información y necesitamos salvar la privacidad e instaurar regulaciones globales para poder controlarla».

Un ecosistema mediático

Por otro lado, Marta Peirano ha hablado sobre el ‘ecosistema mediático’, el entorno controlado por las redes sociales que se fundamenta en la mentira, la manipulación y la adicción. «Las redes sociales forman parte de un ecosistema mediático que se basa en la mentira porque las plataformas digitales no son responsables de los contenidos que se publican», ha explicado.

La periodista también ha dicho que las redes sociales «espían de manera masiva, manipulan y son adictivas porque están diseñadas siguiendo los patrones de las máquinas tragaperras«.

«No son medios de comunicación. Hacer periodismo es caro, requiere recursos, investigación, tiempo… Pero hacer una mentira es fácil y rápido. La IA además premia la viralidad, por lo que las fake news parten con ventaja», dice Peirano. «Las mentiras tienen las piernas muy largas y en este caso llegan más lejos que las noticias reales», añade.

Las empresas de verificación

Una manera de combatir la desinformación o las fake news es mediante las empresas de verificación o fact checking, como es el caso de Newtral. Joaquín Ortega, director de Contenidos, ha contado cómo funcionan a la hora de verificar las noticias que les llegan: «Tenemos un canal de Whatsapp donde la gente envía una noticia que considera falsa y nuestro equipo intenta contrastarla llamando a diferentes fuentes».

«Cuando tenemos la solución, contestamos al usuario. Nos llegan unos 20 o 30 mensajes al día y en total, desde que estamos en funcionamiento, hemos podido dar respuesta a unos 1700″, ha explicado Ortega.

No obstante, Alessia Putin también ha puesto en duda la motivación de estas empresas: «¿Quién controla al verificador? Porque todos son empresas, al igual que los medios de comunicación». Para ella, la mejor manera de combatir la desinformación es «mediante el periodismo ético evitando el emotivismo».

En este sentido, Joaquín Ortega ha dicho que «nadie controla al verificador». «La respuesta es la confianza y la transparencia», ha añadido.

Las elecciones europeas

El último en hablar ha sido Carlos Rul·lan, quien ha señalado que la desinformación «no permite a los ciudadanos tomar una decisión libre». También ha insistido en que esta guerra de información es especialmente dañina para la Unión Europea y para las elecciones al Parlamento del próximo 26 de mayo. Para ello, intentan desmentir todas las fake news que llegan.

«Esta desinformación nos hace mucho daño, ya que rebatir las mentiras de países lejanos es complicado», ha dicho. «¿Quién nos la intenta colar? Pues la injerencia rusa algo tiene que ver», ha insistido el asistente de comunicación del Parlamento Europeo.

Moya: «No hay solución»

Borja Moya, storyteller experto en Privacidad y profesor en el Máster in Global Affairs de la URJC y UPEI, ha respondido a algunas preguntas de 20minutos sobre la manera de educar a la sociedad o la confianza en los medios, entre otras cosas.

¿Cómo educar a la sociedad para luchar contra la desinformación?
Es difícil, pero depende de los incentivos. Te voy a poner un ejemplo muy concreto: en Estonia, un cuarto de la población es rusa. Estonia sabe que hay una influencia rusa, por eso el gobierno alerta a los ciudadanos de que este tipo de noticias pueden ser falsas. Tiene que haber un papel de los gobiernos y de las empresas para formar. Es algo que se debe enseñar desde pequeño, en el colegio.

¿Cómo saber de qué medio fiarse?
La confianza es algo muy concreto. Como estamos en un mundo con tanta información, la confianza disminuye. Cuanto más tiempo esté una marca en el mercado, más confianza genera. Otra cosa que hay que tener en cuanta a la hora de la desinformación son los prejuicios que tiene esa marca. Aunque sea de confianza el New York Times, aun así tiene un prejuicio establecido. La cosa es confiar en los medios que tienen un historia, estar abierto a otras opciones y hacer fact checking uno mismo. Cuando leas una cosa, lee también la otra parte.

¿Quién debería controlar que no haya violación de la privacidad?
Cuando un gobierno está haciendo algo que no nos gustan, acabamos echándolo. El problema de los medios de comunicación, o de estas plataformas, es que no tenemos experiencia tratando a estas compañías. Cuando hay un escándalo, sale el CEO de la empresa diciendo que va a haber más privacidad, pero lo que está haciendo es cambiar la conversación y conseguir el apoyo de las regulaciones para integrar las plataformas y tener un mayor control. Necesitamos más experiencia con estos temas. Sé que necesitamos educación y una vez tengamos esa educación demandar ese cambio. Todos los cambios en la sociedad funcionan así.

La desinformación puede salir a veces de los propios gobierno, ¿cómo combatir este hecho?
Cada país y cada comunidad tienen una agenda distinta. EEUU dice que los rusos han manipulado las elecciones, pero es curioso que la misma agencia que presentó esos datos también fue pillada hackeando las elecciones de Alabama. Cada bando tiene su agenda. La solución es educación, pero educación neutra y luego la implementación de regulaciones globales. Es un problema que no tiene solución ahora mismo. Tenemos experiencia en delimitar la propiedad privada, pero no experiencia delimitando la propiedad de datos.