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Entre culpables y víctimas del viento de frente (Carpe diem) – 05/04/2019


Una mirada prosaica explicaría el conflictivo divorcio británico de la UE imaginando que al Reino Unido, como a los individuos, le sucede que le ha llegado el momento de la senilidad, con alguna incontinencia pudorosa y hasta dificultades para hallar la puerta de su casa cuando se atreve a abandonarla. Semejante imagen de un alma provecta resolvería la pregunta de por qué la dirección política británica repite una y otra vez las fórmulas con las que ha perdido esperando un resultado diferente. Fue Einstein quien explicaba la locura con esos comportamientos.

 

El Brexit ha encallado a Gran Bretaña en un laberinto del cual acabará saliendo con daños terminales no importa ya como sea esa resolución. Pero lo que hace más interesante a este caso, y por eso debe importarnos, es su familiaridad de precariedades con otros fenómenos políticos igualmente dañinos alrededor del planeta. Dentro de unos pocos días, el FMI y el BM publicarán sus previsiones globales que anticipan una desaceleración del ritmo de crecimiento mundial. La OMC ya adelantó que los intercambios cae a su ritmo más bajo desde 2016.

Donald Trump. la preocupación por el estado del país para las elecciones del año próximo. EFE

 

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Si se deshoja esta cebolla se constata una serie de procesos concatenados. El divorcio británico es un producto local del ultranacionalismo que se fortaleció como reacción a los programas de austeridad impuestos al Continente por Bruselas. Este apretón económico, que se agudizó desde la crisis de 2008, potenció la frustración de los electorados y la multiplicación de movimientos europeos de ultraderecha, xenófobos e insulares que se montaban sobre esa frustración. Abrazados a la pesadilla, el principal estandarte de esos ejércitos medievalistas es precisamente el Brexit británico. El freno que registra la economía global se origina también en las políticas de estos nuevos liderazgos soberanistas con la versión norteamericana a la cabeza.Los expertos señalan el esquema que ha atascado en la imprevisibilidad al Reino Unido junto a la tosca guerra comercial que el EE.UU. de Donald Trump le entabló a China como los jinetes principales, aunque no los únicos, de esta mala etapa. El proteccionismo que define estas visiones insulares y el repudio a la globalización son los eslabones que cierran la cadena alrededor del cuello de sus promotores y secuestra al resto del planeta. Los efectos superan ya la imaginación. La semana pasada la autocracia turca del presidente Recep Tayyip Erdogan sufrió la mayor catástrofe electoral de su historia, con la pérdida de la capital Ankara y posiblemente Estambul, que controla desde 1994. El motivo: la agudización de la crisis económica global que erosiona con devaluaciones a las monedas de los países emergentes, la Lira en particular pero también el real brasileño y el peso argentino.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. Malos pronósticos. EFE

Hace apenas horas la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, reveló que la economía mundial continuó perdiendo ímpetu en el primer trimestre del año por lo que las perspectivas caen del 3,5% estimado para 2019. “El crecimiento será el más bajo que hemos visto en los últimos tiempos”, sintetizó. No es sólo el Brexit y la guerra comercial lo que está en el futuro. Trump también ha profundizado otras trampas en ese sendero. La economía de EE.UU. se estimuló con la baja de impuestos de 2017, pero al costo de un incremento del gasto que se refleja en un alza de 77% en el déficit en los primeros cuatro meses del actual año fiscal. Ese rojo será de 6% contra PBI al final de 2019, el mayor de la historia de EE.UU fuera de ocasiones de guerra o recesión.El otro ‘tic tac’ que perciben los analistas es la deuda que debido a esos excesos supera ya los US$22 billones, por encima del producto anual norteamericano. Es el legado de Trump. Los mercados suelen ser didácticos. El fenómeno que se reitera de la curva de rendimiento invertida de la economía, significa, en sencillo, que los inversionistas apuestan más a los bonos de corto plazo que a los de largo. Al revés de lo normal. Es un signo de recesión que dice que el mercado no cree en el futuro. Carpe diem, no confíes en el mañana.

 

La contraparte social de aquellos números macro explica cómo la crisis se dibuja en la dimensión política. Un informe de Eurostat, la oficina estadística de la UE, estableció que más de cinco millones de personas hallaron empleo desde el final de 2013. Pero cuatro de cada cinco fueron ocupaciones part time y de bajos o muy bajos ingresos. El boom del empleo europeo es “de baja calidad”, según Merril Lynch. En EE.UU. 40% de los trabajadores gana menos de 15 dólares la hora y cerca de 5% de los empleados a jornada completa percibe el salario mínimo o aún menos. Esos datos acuciantes no los expuso una central sindical, sino el presidente del JP Morgan Chase, Jamie Dimon en una carta en la que defiende calurosamente el capitalismo y la desregulación, pero alerta que “40% de los estadounidenses no dispone de 400 dólares para enfrentar gastos inesperados, como una factura médica… Más de 28 millones de estadounidenses no cuenta con seguro médico”, sentencia.Estos números son un tambor en la cabeza de la dirigencia republicana y del propio Trump con vistas a las elecciones de 2020, el peor de los dos años analizados por los organismos internacionales. En esa contradicción se explica el fervor de la Casa Blanca por aliviar las consecuencias del choque autoprovocado con China y lograr una señal positiva hacia los mercados antes de que lleguen las urnas. Pero, como con el Brexit, cualquier paso a partir de ahora sería circunstancial. Aunque Washington puede acercar posiciones comerciales con Beijing, no es posible esperar el mismo resultado en el litigio por el liderazgo en alta tecnología e inteligencia artificial, que es la verdadera razón de este enfrentamiento.

Los logos de Wuawei en Shenzhen, el silicon valley de China. Reuters

EE.UU. centró su principal presión en el gigante de las comunicaciones chino Huawei para buscar recortarle mercado internacional donde ya desplazó del segundo puesto a Apple. El objetivo central ha sido arrebatarle su liderazgo en la estratégica tecnología 5-G pero ademas reducir la potencialidad de Beijing en robótica, equipamiento médico de alta tecnología y computadoras cuánticas. Pero la persistencia de Trump de confundir enemigos y aliados quebró la imprescindible unidad con Europa que requería esa estrategia. Washington castigó con aranceles las ventas de acero y aluminio del Continente y está bajo amenaza de un bloqueo tarifarios a sus exportaciones de automóviles a Norteamérica porque el magnate presidente considera que esas ventas violan la seguridad nacional de su país.No hay mejor certeza que lo evidente. Beijing acaba de lograr el ingreso con limitaciones de Italia, uno de las naciones del G7 más industrializadas, a su ambiciosa Ruta de la Seda. Ese paso fue promovido por el Movimiento 5 Estrellas, una fuerza antisistema que compone la coalición que gobierna Italia. La medida fue atacada públicamente por la otra parte de la alianza, la Liga del ultraderechista Matteo Salvini. Pero esa retórica apuntó a calmar a los aliados norteamericanos.

El líder ultraderechista italiano Matteo Salvini. EFE

Paradojas de la etapa, se sabe que el líder neofascista alentó el acuerdo para profundizar sus diferencias con Bruselas y por la enorme necesidad que Italia tiene del mercado chino. Esas diferencias son menores de lo que parece. La capital europea anunció semanas atrás que no seguirá los pasos de EE.UU. y no vetará la participación de Huawei en el desarrollo en el continente de la tecnología 5-G.Si hay un acuerdo final entre China y EE.UU. debería ser interpretado en el cristal de estos polémicos, pacientes, avances de la República Popular. Ambas economías necesitan detener la guerra comercial, un éxito que Trump requiere adjudicarse con tono de victoria antes de las elecciones y, como obra propia, exhibir el impacto favorable que registrará la economía. El reino chino, que no confronta desafíos electorales, no disputará seguramente estos trofeos. No habría, sin embargo, que subestimar esos silencios.​Copyright Clarín, 2919

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