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Qué hay detrás de la negativa del Papa Francisco a que le besen el anillo

Las nuevas tecnologías comunicacionales están provocando que situaciones que antaño hubiesen pasado desapercibidas para el gran público hoy adquieran una gran difusión y susciten debates, aprobaciones, repudios, aclaraciones y desmentidos. Los videos tomados con celulares que luego se vilarizan en las redes sociales constituyen uno de los recursos más contundentes, acaso por la fuerza que tiene la imagen, descontadas -claro- las manipulaciones mediante la descontextualización, el montaje avieso o la lisa y llana falsificación.

Precisamente, un video viralizado del momento en que el Papa recibe el saludo de feligreses durante una reciente visita al santuario italiano de Nuestra Señora de Loreto reflejó que el pontífice se resistía a que le besaran el anillo papal -una añeja costumbre- corriendo la mano. Entre quienes lo vieron, no pocos pasaron de la sorpresa inicial al fastidio porque creen que la actitud de Francisco conllevó – más allá de su intención – una desconsideración y que se le podría haber avisado a la gente de su resistencia.

Consciente de la polvareda que había levantado el video, el vocero papal Alessandro Gisotti dijo que la renuncia del Papa se debía a una cuestión higiénica. “La gente se podía contagiar con los gérmenes depositados en el anillo”, señaló. Luego, en el vuelo de ida a Marruecos, el propio Francisco le dio la misma explicación a un periodista que lo chanceó al retirarle la mano en el momento del saludo. Situación, por cierto, que también fue registrada por un celular y debidamente subida a las redes sociales.

En verdad, besar el anillo a un Papa es una cuestión cada vez más en desuso. Al punto que el protocolo vaticano no considera necesario hacer ningún tipo de aclaración. Pero la suerte de limbo en la que quedó esta costumbre en retirada llevó a una situación como la vivida en Loreto. Situación no sólo criticada por unos, sino también celebrada por otros, que comprueban cómo Francisco -siguiendo una tendencia histórica- va dejando atrás una costumbre medieval, que imita la reverencia a reyes y emperadores.

Precisamente, esa tradición se da de patadas con la definición de un Papa: el siervo de los siervos de Dios. Así, en el razonamiento de Francisco, aceptar semejante reverencia sería un contrasentido. Más aún: siendo obispo y luego cardenal primado, Jorge Bergoglio nunca aceptó que le besaran el anillo, como también se estila. No sólo él, sino otras figuras relevantes de la Iglesia argentina como el recordado cardenal Raúl Primatesta, y – en general – muchos otros dignatarios católicos en otros países.

El anillo de un Papa se hace con el material de oro del anillo del pontífice anterior, que tras su muerte es inmediatamente inutilizado como sello de documentos – una bula papal – y correspondencia con la realización de una cruz. En el caso del anillo de Francisco, como sucedió a un pontífice que renunció y esta vivo, hubo que mandar hacer una nuevo que, por su pedido, no fue como todos de oro, sino de plata dorada. De todas formas, el de Benedico XVI fue inutilizado como sello.

Así, Francisco se convirtió en el primer pontífice en siglos que tiene un anillo que no fue hecho con el material del anillo de los papas anteriores. Y curiosamente la plata dorada se llama argentum, denominación de la que deriva el nombre de su patria: Argentina. Acaso la interrupción de un material sea más que eso: el cambio definitivo de una Iglesia imperial a una Iglesia servidora. Y el video esté patentizando el cambio de época, acaso desprolijo, pero irreversible.

Al fin de cuentas, Francisco es fiel a sí mismo. Despojado y cercano. Aunque no deje que le besen el anillo, abrazará y dejará que lo sigan abrazando.

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