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Denuncia «la poca humanidad» de Ryanair tras perder un vuelo después de un ciclo de quimio

Aviones de Ryanair

Aviones de Ryanair
RYANAIR – Archivo

Se dio cuenta el pasado mes octubre que tenía una pequeño bulto del tamaño de una almendra pero no se lo contó a nadie, no quería perderse ni un día de escuela. En Navidad, esa ‘almendra’ se convirtió en ‘mandarina’ y ya no pudo esconderla.

Betty (nombre ficticio) se lo contó a sus padres, que la llevaron al hospital de Nuoro y luego a Cagliari, en la isla italiana de Cerdeña. Los médicos le enviaron finalmente al Instituto ortopédico Rizzoli, en Bolonia. Tenía un sarcoma.

Saltar las clases para la quimio

Betty tiene 16 años y es una muy buena estudiante. Cuando tiene que saltarse las clases para ir a la quimioterapia se las arregla para ponerse al día con los profesores del hospital. El 17 de marzo terminó su tercer ciclo de quimioterapia y el tumor, que llegó a tener el tamaño de una berenjena, ahora ha retrocedido. «La terapia está dando los resultados que esperábamos. En abril, tendrá que comenzar el cuarto ciclo y después los médicos decidirán si la operan», cuenta al Corriere.it su tío, quien acompaña a ella y a su madre al hospital cada semana.

El 18 de marzo, el tío, la madre y Betty estaban en el aeropuerto Marconi de Bolonia preparados para tomar un avión de Ryanair que les llevaría de vuelta a su ciudad, en Cerdeña. La salida estaba prevista para las 06.50 y ya tenían las tarjetas de embarque online, pero aún tenían que facturar dos maletas y activar la asistencia especial para la joven. Había cola y cuando el tío de Betty fue al mostrador para efectuar el check-in un miembro del personal de Ryanair le comunicó que el vuelo ya se había cerrado, «aunque todavía había gente embarcando», según él.

Intentó explicar a tres azafatos la situación por la que se había retrasado, pero se mostraron inflexibles. «Estoy entristecido por la poca humanidad de las tres personas de Ryanair con las que hablé después de haberles contado la situación de mi sobrina», añade el tío, Finalmente, él, Betty y su madre pudieron coger un tren a Roma y de ahí un vuelo de Blue Air hasta Cerdeña. «Gracias a Dios la niña pudo estar en casa ya por la noche para recibir su tratamiento», finaliza.