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La dramática historia de la joven vestida de novia frente a la tumba de su prometido

Sara Baluch

Las imágenes de Sara Baluch el pasado 10 de marzo.
DOUG STRICKLAND / TIMES FREE PRESS / FACEBOOK ANITA BALUCH

La imagen de Sara Baluch vestida de novia llorando frente a la tumba de Mohammad Sharifi ha dado la vuelta al mundo. Ella, de 22 años, y él, de 24, iban a casarse este mes de marzo, pero la tragedia rompió sus vidas a pocos días del enlace.

Mohammad Sharifi había contactado a través de Facebook Marketplace con un hombre llamado D’Marcus White para venderle una Xbox One. Se citaron el 19 de febrero en un aparcamiento cerca de unos apartamentos en apartamentos en Hixson, Tennessee.

D’Marcus White, de 20 años, disparó a Mohammad, que murió en el acto. Fue acusado de homicidio criminal y robo con agravante. Un asesinato que acabó con la feliz vida y los sueños de la pareja y que dejó destrozada a Sara, con quien Mohammad iba a casarse solo tres semanas después del fatal suceso.

La noticia del asesinato por una Xbox One se convirtió en uno de los temas más comentados en medios estadounidenses, pero más aún la imagen de ella vestida de novia llorando frente a la tumba de él el mismo día que ambos tenían planeada la boda.

Times Free Press fue el medio encargado de recoger el momento, que tuvo lugar el pasado 10 de marzo. Sara Baluch, así como otro familiares de los jóvenes, acudieron al emotivo acto y compartieron varias imágenes del mismo en sus redes sociales. Allí, ella no paraba de llorar y decir «lo siento», mientras los familiares se iban turnando para orar y recitar el Corán.

La novia dedicó un bello vídeo de la pareja en su perfil de Facebook días más tarde, cuando se cumplía un mes del asesinato. El mensaje que acompañaba a aquel vídeo reflejaba la dureza de los momentos por los que está pasando esta joven: «Hoy se cumple un mes. Mi dolor es inimaginable y tengo tantas preguntas sin respuesta. Solo quiero ver tu hermosa sonrisa y cuando imagino el dolor que sufriste me pongo enferma. He pensado muchas veces que me gustaría haber sido yo quien estuviese en tu lugar y que tú el que siguiese vivo para no despertar todos estos días con este vacío en el corazón. A pesar de que no puedo verte, me puedes ver, y me hace feliz que no tengas que aferrarte a fotos y vídeos como yo toda tu vida para no perder tu voz y tu dulce cara. Temo que mi memoria un día olvide lentamente la forma en tus mejillas encajaban perfectamente con mis manos. No te desearía nunca esta vida y este dolor al que me enfrentaré todos y cada uno de los días de mi vida».

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