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La campaña de secuestros y torturas del príncipe saudí para silenciar a la disidencia – 18/03/2019


Por Mark Mazzetti y Ben HubbardEl príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, autorizó una campaña secreta para silenciar a los disidentes, que incluyó la vigilancia, secuestro, detención y tortura de ciudadanos sauditas, más de un año antes del asesinato de Jamal Khashoggi, de acuerdo con funcionarios estadounidenses que leyeron informes clasificados de inteligencia acerca de esa campaña.

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Al menos algunas de las misiones clandestinas fueron llevadas a cabo por miembros del mismo equipo que asesinó y descuartizó a Khashoggi en Estambul en octubre, lo que sugiere que su asesinato fue una parte especialmente atroz de una campaña más amplia para silenciar a los saudíes disidentes, de acuerdo con los funcionarios y asociados de algunas de las víctimas saudíes.Los miembros del equipo que asesinó a Khashoggi, que los funcionarios estadounidenses denominaron el Grupo Saudí de Intervención Rápida, estuvieron involucrados en al menos una decena de operaciones a partir de 2017, dijeron los funcionarios.

Algunas de las operaciones involucraron la repatriación forzada de saudíes desde otros países árabes y detenciones y abusos de los prisioneros en los palacios que pertenecen al príncipe heredero y su padre, el Rey Salman, comentaron los funcionarios y colaboradores.Uno de los saudíes detenidos por el grupo, un profesor universitario de lingüística, quien escribió un blog sobre las mujeres en Arabia Saudita, intentó suicidarse el año pasado después de ser sometido a tortura psicológica, de acuerdo con los informes de inteligencia estadounidenses y otros informes sobre su situación.El equipo de intervención rápida había estado tan ocupado el mes de junio pasado que su líder le pidió a un alto asesor del príncipe heredero Mohammed, si el príncipe les podía entregar bonos al equipo para el Eid al-Fitr, el feriado que marca el final del Ramadán, de acuerdo con funcionarios estadounidenses familiarizados con los informes de inteligencia.Los detalles sobre las operaciones provienen de funcionarios estadounidenses que leyeron las evaluaciones clasificadas de inteligencia sobre la campaña saudita, como así también de los sauditas con conocimiento directo de algunas de las operaciones. Hablaron bajo la condición de anonimato por temor a las repercusiones de revelar información clasificada, o, en el caso de los sauditas, por temor a la furia del gobierno saudí.Un vocero de la Embajada Saudita en Washington dijo que el reino “toma muy seriamente las acusaciones de mal trato a los inculpados que esperan juicio o los prisioneros que cumplen sus sentencias”.Las leyes sauditas prohíben la tortura y responsabilizan a los involucrados en esos abusos de poder, dijo el vocero; además, los jueces no pueden aceptar confesiones obtenidas bajo coacción. El fiscal público del reino y la Comisión Saudí de Derechos Humanos investigan las “acusaciones recientes”, afirmó.

El gobierno saudita insiste en que el asesinato de Khashoggi, periodista disidente que vivía en Estados Unidos y trabajaba para el Washington Post, no fue un asesinato ordenado desde Riad. La decisión de asesinarlo fue tomada por el equipo en el lugar, dicen los funcionarios del gobierno y esos responsables están siendo procesados. Las agencias de inteligencia de Turquía y EE.UU. afirman que el asesinato fue premeditado.El reino dice que 11 saudíes enfrentan cargos penales por el asesinato y que los fiscales piden la pena de muerte para cinco de ellos, aunque los funcionarios públicamente no han identificado a los acusados.Después del asesinato de Khashoggi, los funcionarios sauditas reconocieron que el servicio de inteligencia saudí tuvo orden permanente de traer a los disidentes de regreso a su país. Lo que no reconocieron fue que se había organizado un equipo específico para ese fin.Los funcionarios saudíes se negaron a confirmar o desmentir que ese equipo existía, o a responder preguntas sobre su trabajo.Arabia Saudita tiene una historia de persecución de los disidentes y otros ciudadanos saudíes en el exterior, aunque el quiebre aumentó abruptamente después de que Mohammed bin Salman fuera ascendido a príncipe de la corona en 2017, un período en el cual avanzaba rápidamente para consolidar poder. Dejó de lado al príncipe Mohammed bin Nayef, quien supervisaba los servicios de seguridad, lo que dio margen de maniobra al joven príncipe para ir sobre las agencias de inteligencia.Desde entonces, las fuerzas de seguridad sauditas han detenido a decenas de clérigos, intelectuales y activistas que fueron percibidos como una amenaza, como así también personas que publicaron comentarios críticos o sarcásticos acerca del gobierno en Twitter.

“Nunca vimos algo semejante a esto”, dijo Bruce Riedel, ex analista de la CIA, que hoy trabaja en la Institución Brookings. “Un disidente como Jamal Khashoggi, en el pasado, no habría sido considerado merecedor del esfuerzo”.Khashoggi fue asesinado dentro del Consulado saudita en Estambul y descuartizado con una sierra. Turquía utilizó un video de vigilancia y registros de audios para descubrir el asesinato, identificar al equipo que lo llevó a cabo y filtrar sus nombres y fotos a los medios.Riedel dijo que la improvisación del equipo demostró que fue utilizado para operar libremente dentro del reino, y no bajo el ojo atento de un servicio de inteligencia adversario.El Grupo de Intervención Rápida fue autorizado por el príncipe de la corona Mohammed y supervisado por Saud al-Qahtani, asesor de alto nivel cuyo empleo oficial era el de ser zar de contacto con la prensa en la corte real, dijeron los funcionarios estadounidenses. Su segundo, Maher Abdulaziz Mutreb, oficial de inteligencia que había viajado al exterior con el príncipe heredero, lideró el equipo en el campo.Otro miembro en el equipo fue Thaar Ghaleb al-Harbi, miembro de la guardia real, ascendido en 2017 por su valor durante un ataque en un palacio del príncipe heredero Mohammed.Mutreb y al-Harbi están siendo juzgados en Riad por acusaciones relacionadas con la muerte de Khashoggi, dijo un funcionario saudí, mientras que Qahtani, quien está con prisión domiciliaria, tiene prohibido viajar y está bajo investigación, lo que no deja claro si el equipo todavía sigue operando.Los informes de inteligencia de EE.UU. no especificaban el grado de compromiso del príncipe heredero Mohammed con el trabajo del grupo, aunque afirmaban que los integrantes vieron a al-Qahtani como “conducto” hacia el príncipe.

El Ritz Carlton en Riad, Arabia Saudita./ Tasneem Alsultan/ The New York Times

Cuando el príncipe heredero Mohammed encerró a cientos de príncipes, empresarios y ex funcionarios en el Ritz-Carlton de Riad en 2017 por acusaciones de corrupción, al-Qahtani y Mutreb trabajaban en el hotel, ayudando a presionar a los detenidos para que renunciaran a activos, de acuerdo con los colaboradores de los detenidos que los vieron allí.Muchos de esos detenidos en el Ritz fueron sometidos a abuso físico, e incluso uno murió en custodia, de acuerdo con los testigos. Se desconoce si los miembros del equipo de intervención rápida estuvieron involucrados en el abuso. El gobierno saudí negó que allí hubieran tenido lugar abusos físicos.Pero fue recién después del asesinato de Khashoggi que comenzó a aparecer el grado de crueldad del trabajo del equipo. Mutreb y al-Harbi estaban ambos en el consulado cuando Khashoggi fue asesinado, de acuerdo con los funcionarios turcos. La inteligencia estadounidense acerca de las operaciones previas del equipo informó que la evaluación de la CIA en noviembre, fue que el príncipe heredero Mohammed había ordenado el asesinato de Khashoggi, dijeron los funcionarios estadounidenses.La CIA se rehusó a hacer comentarios.Las agencias de inteligencia estadounidense no parecen tener pruebas concluyentes de que el príncipe heredero Mohammed ordenó el asesinato, aunque han reunido las piezas que dan un patrón de operaciones similar, llevado a cabo por los integrantes de operaciones saudíes bajo la autoridad del príncipe.Las agencias continúan reuniendo evidencia acerca del rol del príncipe heredero Mohammed en las operaciones, y en diciembre, la Agencia de Seguridad Nacional elaboró un informe que afirmaba que en 2017, el príncipe le dijo a un alto asesor que utilizaría “una bala” para Khashoggi si no regresaba al reino y terminaba con sus críticas al gobierno.Los analistas de inteligencia concluyeron que el príncipe Mohammed podría no haber sido literal en su comentario, que no estaba en realidad ordenando que le dispararan a Khashoggi, aunque tenía la intención de silenciar al periodista asesinándolo, si las circunstancias lo requerían.

El Grupo de Intervención Rápida también parece haber estado involucrado en la detención y abuso de aproximadamente una decena de activistas por los derechos de la mujer, que fueron detenidas la primavera y el verano pasados. Las activistas, que habían hecho campaña para levantar la prohibición del reino de que las mujeres conduzcan automóviles, incluyeron varias figuras famosas: Loujain al-Hathloul, encarcelada por intentar conducir su automóvil en el reino desde Emiratos Árabes Unidos; Aziza al-Yousef, profesora de informática jubilada; y Eman al-Nafjan, profesora de lingüísticaAl comienzo, las mujeres no fueron encarceladas, aunque sí detenidas informalmente en lo que parecía ser un palacio no utilizado en una ciudad portuaria de Jiddah, de acuerdo con la hermana de al-Hathloul, Alia. Cada una de ellas fue encerrada en una habitación pequeña, con las ventanas tapadas. Algunas de ellas eran llevadas con frecuencia al piso de abajo para ser interrogadas, lo que incluía palizas, shock eléctrico, submarino y amenazas de violación y muerte.En un artículos de opinión para The New York Times, Alia al-Hathloul escribió que al-Qahtani estuvo “presente varias veces” cuando su hermana era torturada, y que él la amenazaba con matarla y arrojar su cuerpo en la alcantarilla.El trato fue tan duro que al-Nafjan intentó suicidarse, según la evaluación de la inteligencia estadounidense.

Más tarde, las mujeres fueron trasladadas a la prisión de Dhahban en Jiddah, donde se detuvo el abuso físico y se les permitió recibir visitas de sus familiares, dijo al-Hathloul.Su juicio se inició el miércoles en Riad, aunque los periodistas y diplomáticos no están autorizados a asistir, y el gobierno no anunció los cargos en contra de las mujeres.Un funcionario saudí dijo que al-Hathloul, al-Yousef y al-Nafjan están siendo juzgadas “con relación a las actividades que amenazaron la seguridad nacional del reino”.En un esfuerzo del reino por repatriar forzadamente a los ciudadanos saudíes que viven en el exterior, no siempre quedó claro qué operaciones fueron llevadas a cabo por el equipo de intervención rápida y cuáles fueron realizadas por otros sectores de los servicios de seguridad.Al menos un saudí fue detenido en el Ritz y acusado de corrupción, Rami al-Naimi, hijo del ex ministro de petróleo saudita, fue repatriado a la fuerza desde los Emiratos Árabes Unidos en noviembre de 2017. Un colaborador de un alto miembro de la familia real, Faisal al-Jarba, fue secuestrado a medianoche en un departamento en Jordania en junio del año pasado y deportado a Arabia Saudita. Su familia ha luchado por conseguir información acerca del lugar donde está detenido y por qué lo detuvieron.En agosto de 2017, un príncipe de menor jerarquía, Saud bin al-Muntasir bin Saud, fue enviado de regreso al reino desde Marruecos. En mayo pasado, un estudiante universitario con doble nacionalidad saudita y qatarí fue arrestado durante una visita a Kuwait y deportado al país.